La Rioja

Versiones

Si tuviera que elegir entre las necedades que ha acuñado más recientemente el lenguaje de la autoayuda me quedaría con dos: una es «salir de la zona de confort» y otra «ser la mejor versión de uno mismo». La primera llama al desafío, a la huida de las rutinas, al descubrimiento de nuevos horizontes. La segunda, a indagar en el yo para corregir sus flaquezas, de acercarse a la perfección y de elogiar a quien la haya alcanzado. Como metas no están mal, pero como creaciones léxicas dejan bastante que desear. «Salir de la zona de confort» tuvo su fase de gloria hasta hace unos meses. Ahora ya está de capa caída y solo la pronuncian los psicólogos de categorías inferiores, pues hay que decir que también en la psicología las modas conceptuales avanzan que es una barbaridad. En cambio lo de la «mejor versión» vive tiempos de gloria en todos los ámbitos de la comunicación. El Barça, por ejemplo, dio su mejor versión el miércoles pasado frente al Paris Saint Germain. «Doña Letizia noquea a Juliana Awada con su mejor versión», se podía leer días atrás en la noticia sobre el encuentro de los reyes con el presidente argentino y su señora. Cantó José Mercé en un teatro murciano y las crónicas destacaron que dejó ver su mejor versión. Y hasta Pablo Ráez dejó escrito en uno de sus últimos mensajes una invitación a que «demos la mejor versión de nosotros mismos».

Antiguamente, cuando la lengua todavía no había sucumbido al influjo de la afectación lindante con la cursilería, estas cosas solían decirse con más sencillez. Un artista daba en sus actuaciones lo mejor de sí mismo igual que la gente aspiraba a ser más buena, el equipo tenía un día afortunado o un político brillaba en la tribuna. Lo hacían bien, simplemente. Mejoraban. O a lo sumo se decía que habían mostrado su lado bueno o dado su mejor imagen, porque hay que admitir todos somos un poco poliedros. Pero hablar de versiones es trasladarse a otra órbita. Cuando alguien presenta distintas versiones de su persona es que introduce variaciones en un relato personal cambiante que parece moldeado según le convenga en cada circunstancia. Uno mete la mano en el baúl de las versiones y elige el disfraz para la ocasión, de manera que al final nadie sabe cuál es su verdadera identidad.

En un libro titulado 'La trampa del ego', el psicólogo estadounidense Julian Baggini explicaba que el yo es una construcción de la mente para crear en torno a uno mismo la ilusión de unidad, continuidad y permanencia, cuando en realidad somos una sucesión de yos en continua transformación. En la era de la posverdad ya hemos perdido de tal modo la noción de certeza que todo está lleno de versiones a gusto del consumidor. Tener varias versiones mejores o peores es abrir paso a la impostura y la simulación. Toda versión, por fiel que sea al original, supone una traición al original. Aunque sea «la mejor versión».

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