La Rioja

Maketos, manchurianos y belarrimotzas

Lo peor del 'apocalipshit' de programa el que se pintaba a los españoles de opresores, horteras, chonis, machistas y malolientes y que ha retirado ETB de su emisión es que no era un error. Hay una parte del ADN intelectual del vasco que está de acuerdo. La enmienda es a la totalidad, pues no se puede entender que los pueblos, en su conjunto, sean nada. Preguntar así por cómo son los de algún sitio es absurdo, como el chiste de aquél tonto al que le preguntaban: «¿Oye, a ti te gustan las rubias?» y respondía «¿Pero todas?». La carga de perversión, más que en la respuesta, está en la pregunta. El programa de marras se escudaba en su deseo de normalización, pero ¿normalización de qué? De la xenofobia, del odio al que es -presuntamente- distinto, una de las heridas que aún le sangran a la Euskadi de mis entretelas.

El nacionalismo vasco ha considerado que Euskal Herría ha sufrido al menos tres invasiones españolas como plagas de langosta. Para cada una de ellas inventó un nombre que a día de hoy permanece. Este tipo de pensamiento, que anda justo de todo salvo de memoria -¡qué bello, a veces, el olvido!- sitúa la primera oleada en 1200 cuando los castellanos se adentraron en Navarra. Cuentan algunos historiadores que, según esta leyenda, en la época se cortaban las orejas de los ladrones, y como los españoles eran obviamente rateros a ojos de los vascos, les llamaban belarrimotzas' que significa literalmente 'orejas cortadas', los bad hombres de Trump, en versión de hace nueve siglos.

La segunda oleada llegó con la revolución industrial. Una marea de trabajadores del campo de Castilla llegó al País Vasco escapando del hambre, del paro y la mecanización del campo. Euskadi se nutrió y enriqueció gracias a esta mano de obra a la que, por otra parte, puso nombre: 'maketos'. Eligió la palabra Sabino Arana, sobre el que existe el consenso de que fue el fundador del nacionalismo vasco y un zumbado peligroso. Maketo hacía referencia al hatillo, el envoltorio con el que envolvían lo poco que tenían aquellas gentes que subían al norte a buscar el pan. Esto que el fundador del PNV decía a los industriales que contrataban a aquellos mugrientos burgaleses era muy Trump también: «Con esta invasión maketa estáis pervirtiendo la sociedad vizcaína, pues cometa es ese que no arrastra más que inmundicia y calamidades: la impiedad, todo tipo de inmoralidad, la blasfemia y el crimen». Decía esto de los 'catetos' españoles, que es lo mismo que se ha dicho ahora, como si los vascos que fueron al otro lado del mar a cuidar ovejas y vacas -y que por cierto tan bellas aventuras dejaron escritas- hubieran llegado a América como Otto Liebmann al grito de «¡Hay que volver a Kant!».

La última de las supuestas invasiones tuvo lugar a partir de los años 60 del siglo pasado, cuando a los españoles de fuera de Euskadi se les llamaba manchurrianos y coreanos, en principio porque estaba asiáticamente delgados, porque tenían las ropas raídas y la cabeza rapada por los piojos y porque, quizás, en Guipuzcoa andaban de geografía como de olivares y pensaban que Corea está al este de Logroño.

Después vino ETA a darle a estos prejuicios (que han existido en todas partes) el tinte macabro de los tiros en la nuca, la Goma 2 y las pistolas y seguidamente, los programas de humor.

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