La Rioja

Podemos y el poder

En una de las escenas que abren la segunda temporada de Juego de Tronos, 'Meñique' se enfrenta veladamente a Cersei Lannister. 'Meñique' le deja entrever que las relaciones incestuosas de la reina podrían llegar a ser de dominio común, ya que las familias adineradas tienden a olvidar una verdad muy simple: «El conocimiento es poder». Cersei ordena a sus soldados que le corten el cuello y, al instante, anuncia que ha cambiado de opinión y que es mejor que le dejen ir. Ordena a los soldados que actúen según su capricho y posteriormente se acerca a 'Meñique' para explicarle su lección: «El poder es poder».

La escena refleja de una manera muy clara dos dimensiones del poder. El poder como conocimiento, como una acumulación de destrezas y experiencias; y el poder como coerción y uso (arbitrario) de la fuerza. Cuando alguien carece de poder, la adquisición de conocimiento puede convertirse en un modo de crear las condiciones de acceso al poder (como en el caso de 'Meñique') e incluso puede permitir la confrontación, directa o indirecta, con el poder. Aun así, no conviene olvidar una cuestión esencial: el poder es asimétrico, esto es, no está igualmente repartido ni puede ser ejecutado de la misma manera por unos u otros. Ahí está el recordatorio de Cersei a 'Meñique', por desafiarla, pero también a los soldados, que se limitan a obedecer.

Desde su surgimiento, lo más novedoso de Podemos fue su voluntad de ganar. Pablo Iglesias explicaba el éxito inicial de Podemos afirmando que hicieron todo lo contrario de lo que la izquierda hubiera hecho. En oposición a la lógica de la suma de siglas, Iglesias defendía la necesidad de algo diferente (no consistente en hablar de la unidad de la izquierda) y evitar que la derecha como adversario consiguiera su objetivo: reducir a Podemos al espacio de lo minoritario, identitario, aspirando a recoger lo que dejaba el partido socialista.

Esa voluntad de ganar se ha manifestado a lo largo de los tres años de Podemos en una doble oposición: la primera, frente a los dos partidos dominantes, PP y PSOE, pero también frente a posiciones similares pero no intercambiables que eran percibidas como impedimentos para el crecimiento político y electoral. Frente al Podemos 1.0, próximo a un partido-movimiento, espontáneo y con un programa abierto a la participación de cualquiera, el Podemos 2.0, el que surge en Vistalegre I, adquirió una forma altamente jerarquizada. En aquel momento, la dirección de Podemos se enfrentó a las críticas y visiones de quienes proponían un modelo basado en el horizontalismo y la participación directa, bebiendo de la tradición asamblearia recuperada por el 15M. A pesar de adoptar un modelo de corte vertical y centralizado, todavía quedaba un espacio para la apertura organizativa y política, como demostraron las candidaturas ciudadanas y las confluencias.

Posteriormente, puede apreciarse un Podemos 2.5 en sus duras críticas hacia IU. En torno al verano de 2015, la incompatibilidad de ambos proyectos se materializa en la contraposición entre una identidad comunista y otra más amplia, asociada a la formulación de un populismo de izquierdas. En este caso, tampoco hubo una ruptura total. Una vez que figuras como Cayo Lara o Llamazares quedaron atrás, se abre una nueva fase de compresión y alianza con la IU de Alberto Garzón.

Contra la casta o con la mano tendida al PSOE, Podemos ha contribuido a redefinir las relaciones de poder en la política española y ha conseguido, desde su aparición en los medios de comunicación hasta su llegada a las instituciones, acumular un poder que no tenía. Sin embargo, las luchas internas, las campañas y descalificaciones gruesas, previas a Vistalegre II, arrojan dudas sobre cómo será el Podemos 3.0. La discusión sobre cómo construir un Podemos ganador ha sido reemplazada por la de cuál será la lista ganadora. El debate interno debería servir para promover la pluralidad y un proyecto común e inclusivo. El objetivo de Vistalegre II no puede limitarse a una demostración de que el poder es poder o de que una facción puede imponerse sobre otra. Podemos como herramienta de poder colectivo debería orientarse contra el otro poder, el de la corrupción y los recortes sociales. Falta por ver, pues, si Podemos es capaz de recordar que el poder es, ante todo, asimétrico, y que el adversario sigue ahí, gobernando en minoría, fuerte en las encuestas y hablando por teléfono con Trump.

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