La Rioja

PERO NO ASÍ

A estas alturas, lo prometo, ya no sé si estoy o no de acuerdo con la energía nuclear. Me pasa mucho con la edad. Todo el mundo parece tener las cosas superclaras, opiniones firmes, puñetazo en la mesa. Y a mí, la verdad, me pasa que cada vez veo menos asuntos en blanco y negro y más en gris. Ains.

Lo de las nucleares. Por un lado estoy dispuesto a conceder que el mundo ha sufrido media docena de desastres terribles que son como para pensárselo. Y que está el problema de los residuos nucleares, para los que nunca ha habido una respuesta clara más allá de meterlos en un agujero y tirar la llave.

Pero por otra parte, me parece infantil desechar una fuente de energía que no contamina tanto ni contribuye al cambio climático y que esquilma menos que muchas otras los recursos naturales. Las renovables no llegan aún, es la pura verdad, a cubrir las necesidades de bienestar de 6.000 millones de personas, igual que la agricultura ecológica es incapaz de alimentar a semejante número de bocazas. Así que algo habrá que pensar.

Pero lo que sí tengo es una opinión clara sobre Garoña: si quieren que tengamos energía nuclear, estoy dispuesto a conceder al menos el beneficio de la duda sobre que es oportuno. Pero no esta central. No con una instalación que tiene 40 años de vida, inaugurada cuando a Franco aún le quedaba un quinquenio. Yo no querría en mi casa una estufa de butano de 1970, la verdad. Y si hace falta dedicarle 200 millones de euros a que la cosa no haga pum, pues mucha seguridad no me da, la verdad.

¿Nuclear? Pues quizá sí. Pero no así.