La Rioja

A PALOS

Miren que se lo advertí. Que era necesario tener presidente (uno, el que fuera) para que empezara la juerga. Y es que mucho nos hemos aburrido desde aquel diciembre del 2015 cuando se celebraron las elecciones que nos dejaron compuestos y sin gobierno. Seis meses después, la cosa se mantuvo casi invariable. Entre diálogos secretos y negociaciones discretas, estábamos los españoles a la espera, sin entretenimiento político alguno (salvando las descacharrantes tertulias de un par de canales minoritarios), ni en las Cortes, con las sesiones suspendidas, ni siquiera en las propias entrañas de los partidos, que aguardaban a que saltara la liebre.

Pero todo cambió con la investidura. La paz terminó, para gloria del anodino ambiente que nos rodeaba, tan lleno de hipócrita y escamante caballerosidad. Y los puñales echaron a volar. Hacia todas las direcciones. Un gustazo.

Lo del PSOE ya no es ni novedoso. A la espera de saber si Susana Díaz se suma al desgañite de las primarias, ya están Patxi y Pedro a palos para ver quién es más socialista, más rojo, más contrario a la derecha, más... eso.

Al lado, Podemos tampoco anda mejor avenido. Pablo e Íñigo llevan tiempo soltándose guantazos (dialécticos, se entiende) a través de las redes sociales, de los medios tradicionales y, si se descuidan, hasta de sus propias madres.

Los únicos que parecen (ojo, parecen) llevarse algo mejor son los populares, que pasean a la chita callando su buen rollo no vaya a ser que salte por los aires en un descuido. Pues no todo es de color de rosa. Y si no me creen, echen un vistazo hacia Duquesa de la Victoria, donde no andan las cosas tan tranquilas. Y si no, ya lo verán en el inminente congreso del PP riojano.

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