La Rioja

GENTE EN LA CALLE

Al hogar, dulce hogar, le están amargando la vida. No son lo mismo las algaradas que las revoluciones, ya que unas las hacen los descontentos y otras, los que no van a contentarse nunca. Mientras el expresidente Mas trata de defender ante los jueces el llamado soberanismo, puja en la vía pública, que amenaza con descarrilar. ¿Será cierto que Dios nos dio el divino don de la palabra para que no pudiéramos ocultar nuestros pensamientos? A Artur Mas le ha dicho el juez Barrientos que entre ellos no debe haber equívocos: «Usted viene aquí en calidad de acusado». ¿Cómo se pueden poner las cosas en su sitio cuando llevan tanto tiempo descolocadas? Los multimillonarios hijos de Pujol están revisando sus cuentas en los bancos y Artur Mas está en el banquillo. El líder soberanista aspiraba a ser un mártir a condición de no sufrir martirio. Quizá se salga con la suya, aunque no sea la de la totalidad de los catalanes. Este buen señor ha logrado renovar la excusa diciendo que era un desavisado. Según él, el tribunal no le advirtió de que incurría en delito.

El estómago es nuestra parte más sensible del organismo. Una verdadera zona erógena, pero el recurso de llevar la gente a la calle es muy peligroso, porque destrozan mucho mobiliario urbano. Algunos subnormales nos preguntamos no qué va a ser de Cataluña, sino qué va a ser de nosotros sin ella. Lástima que no haya un club de catalanes de adopción. El Mediterráneo es una nacionalidad y algunos amamos por igual a Séneca que a Josep Pla. Todos los muertos son contemporáneos, pero a fuerza de traquetearlos no nos dejan vivir en la relativa paz que nos permite esta corta estancia planetaria. Metafísico estoy y no porque no coma, sino porque bebo un 'dry martini', ese cuchillo disuelto que es mucho mejor que hacerse el harakiri. Hubo un tiempo en el que me bebía dos. Hay que desterrarse el pasado, mientras pasan los contemporáneos y llenan las calles.

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