La Rioja

La mujer de César y la de Astérix

En Estados Unidos, algunos de los abundantes y viscerales adversarios de Trump han hecho un amago de escandalizarse porque el presidente ha colocado a su yerno de asesor en la Casa Blanca. La respuesta ha llegado rápida. El yerno no cobrará y el hecho, como bastantes otras cosas de Trump, tenía precedentes: ya Bill Clinton en su Presidencia había encargado a su esposa Hillary que se ocupara de la necesaria reforma sanitaria. Lo que ella hizo diligentemente. La operación fracasó porque la esposa del presidente chocó en el Senado incluso con miembros de su partido. Hay más ejemplos calificados de nepotismo que han sido pasados por alto. El longevo alcalde neoyorquino Michael Bloomberg dio un puesto de confianza en la maquinaria administrativa de esa gigantesca urbe a su hermana. Tampoco cobraba. La diferencia con España, donde también hay amiguismo familiar, es que aquí los emolumentos serían religiosamente percibidos.

Con Clinton y Bloomberg no hubo escándalo. Con Trump es diferente. El personaje es llamativo, agresivo con la prensa y se escarba su pasado y su presente. A su esposa Melania no se le ven mayores tachas pero ya ha trascendido que posó desnuda, era modelo en su juventud y que no está residiendo en la Casa Blanca. La razón es que se quedó con su hijo que estudia en Nueva York. Tarde o temprano, con todo, oiremos algo.

Con la mujer del hasta hace poco favorito para la Presidencia de Francia François Fillon oímos mucho, quizás demasiado. Su imagen de hombre recto, íntegro se ha cuarteado al describir la revista Le canard enchainé que su esposa ha percibido una cantidad cercana al millón de euros por haber sido su asistente parlamentaria, puesto que, en realidad, es dudoso que haya desempeñado.

En Francia, unas cinco leyes aprobadas a partir de 1988 han tratado de reforzar la transparencia en el comportamiento de los políticos. Esas disposiciones, sin embargo, han dejado ciertas lagunas, zonas grises, que permiten encubrir la financiación de los partidos, la contratación de parientes, la acumulación de los trabajos públicos y privados, etc. Ha habido un tanto de vista gorda, pero la figura de Fillon, que presumiblemente sería uno de los dos más votados en la primera vuelta presidencial y batiría a la señora Le Pen en la segunda, resultaba demasiado apetitosa. En las campañas presidenciales se aguza el ingenio de los enemigos y de los periodistas.

Es posible que Le canard... tuviera esa información hace tiempo y haya esperado al momento adecuado para crear un remolino. El hecho es que no está claro que madame Fillon haya verdaderamente trabajado como asesora si tenemos en cuenta, además, que hace años negó expresamente a un diario británico que lo estuviera haciendo. Con el 'affair' comienzan a aparecer más detalles comprometedores. Los dos hijos de Fillon trabajaron como asistentes de su padre en el Parlamento «porque eran abogados». En realidad, sólo eran estudiantes de Derecho. Uno de ellos ayudó en la campaña presidencial de Sarkozy (con sueldo del Estado). El mandamás de una empresa (Fimelac) que supuestamente, se dice, había contratado a la señora Fillon fue condecorado al poco de hacerlo.

No es seguro que el comportamiento éticamente alegre de los políticos en este terreno tenga una incidencia directa en la elección del voto de los ciudadanos. En ocasiones, a corto plazo, ni siquiera en su imagen. Pensemos en Clinton después de su relación con la becaria. Acabaría emergiendo impoluto. No obstante, el asunto preocupa enormemente a la derecha francesa que vislumbraba la Presidencia al alcance de la mano y ahora la contempla en el alero. Hay correligionarios de Fillon que manifiestan que debe retirarse. Lo malo es que los dirigentes de la derecha, nerviosos ya, no parecen tener plan B. Alguno avanza como sustituto a Alain Juppé que también protagonizó un sarpullido de falta de ética hace años.

Todo influye, hoy, para que el socialista disidente Macron se lleve el gato al agua; un candidato sin partido, sin programa, pero que a pocos meses de la elección podría colarse en la final con Marine Le Pen. Entonces, dado que la derecha lo votaría a regañadientes para parar a Le Pen, sería el presidente.

Hace años, un escándalo de faldas derribó al claro favorito socialista. En 2017, los votantes galos pueden considerar que la mujer de Astérix no puede camelear con su trabajo y cobrar.