La Rioja

ALTAR CATALANISTA

Un nuevo mártir ascendió ayer a la gloria del altar catalanista. Artur Mas asumió ayer ante el juez toda la responsabilidad política del referendo ilegal del 2014. En su sacrificio desvinculó a las exconsejeras Rigau y y Ortega, para las que el 'proceso' ya tiene en trámite sendos y merecidos expedientes de beatificación.

En procesión. Así fue el paseo tranquilo, de una emoción contenida, en loor de multitudes independentistas, que llevó al trío desde el Palacio de la Generalidad al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Un tribunal al que no reconocen porque su reino no es de esta tierra, España; su reino es de esa arcadia en la que, una vez emancipada, las bocas de las fuentes regurgitarán euros, los pensionistas duplicarán o triplicarán sus nóminas, en los hospitales morirá menos gente y sanará más, los trenes de cercanías serán puntuales, las autopistas se reconvertirán en autovías, los impuestos serán testimoniales. El pueblo vivirá feliz.

Media hora hizo esperar Mas a los jueces. No por burla o por desafío. Fue la demora acumulada tras ofrecerle tres estaciones penitenciales icónicas como libertador. Y ya dentro de la ratonera judicial española, requirió para él el holocausto, la suprema inmolación, la injusta condena sobre el inocente que sólo pide democracia, derecho a decidir. Desposeído, qué gravedad, de todas las garantías judiciales, pues hasta en la Comisión y el Parlamento europeos saben que España no es un Estado de derecho.

Lo que no hay derecho es el estado en el que los soberanistas han situado a Cataluña. Ellos, con un golpe de suerte jurídico, salvarán sus nombres, sus haciendas y sus honras. Pero, ¿cómo se resarcirá a tan noble territorio de este cruel martirio?

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate