La Rioja

VENTANA A LA CALLE

Los dados de Dios

En el despacho oval están todos de pie, faltaría más, en círculo ante Dios. Menos Dios, sentado en su resplandeciente trono como Dios manda y perfectamente maquillado de zanahoria. Un silencio divino proyecta su ecoico vacío sobre las siluetas de los presentes, sobre las paredes redecoradas, el vistoso dorado de las nuevas cortinas, diluyéndose al fin en el áureo tapizado de sillas y sofás. No se oye ni el vuelo de una mosca: han sido exterminadas por los SEAL. Dios, aparentemente pensativo, con las manos entrelazadas sobre el pecho y los refulgentes cabellos de su poderoso tupé bella y exquisitamente entrelazados en extensiones microcilíndricas debidas a los súper conocimientos en ingeniería capilar de su excelso peluquero, doctor Mohamad Alí Ivari, manda huevos, contempla ensimismado en Sí Mismo, y valga la mayúscula redundancia, la brillante y despejada mesa ante la que se asienta. Alza la vista lentamente. Sus escrutadores ojillos gris celeste (no todo va a ser grande y dorado en la casa del Gran Arreglador) recorren a cámara lentísima las abajadas miradas de su séquito, posadas en la ambarina alfombra. Su omnipotente boquita de piñón se entreabre cual si fuera a lanzar al éter una redonda y perfecta pompa de chicle americano y su diestra mano se alza dibujando una amenazadora 'L' con el pulgar y el índice mientras la izquierda hace lo propio pero al revés. El universo mundo tiembla ante el retumbe de su voz: ¡¡Que le corten la cabeza!! ¿A quién, oh my Lord? -se adelanta en hinojos su asesor especial Jared Kushner, millonario sionista, judío ortodoxísimo y, mismamente, yernísimo del Señor-. ¡¡A ese gilipollas de presidente australiano, y que se meta a sus refugiados terroristas sirios por donde amargan los pepinos!! Se esbozan sonrisas ante la divina gracia y el ángel de Seguridad Divinal, general Miguel Flint, feroz can islamófobo prorruso, tiende ante Dios su teléfono de oro. ¿Quién? -pregunta la Gran Sabiduría Inmobiliaria-, ah, la May, la May. Teresa, ladrona, qué bien lo estás haciendo. qué sí, que sí, sigue, sigue, sigue así con el Brexit, que de donde va a haber se podrá sacar y no de esa carísima mierda de Europa. Soy el Arreglalotodo, Tere. Nos vemos. ¿Con disciplina inglesa?, bay, bay, love. Y el complacido Todopoderoso se arrellana en su trono. El coro aplaude, alea, jacta est. Pero suena, indiscreto, el himno americano en el bolsillo del pantalón de Jeff Sessions, ministro de Justicia del Señor y racista contumaz: Es doña Melania -dice al cabo-, la eslovena de My Lord. Pásamela, Jeff. ¿Sí? ¡Que no me llores, zorra! ¡Sí, te doy permiso para ducharte con agua caliente y todo!, pero como vuelvas a piar a la inmunda prensa te disfrazo de sin papeles mexicana de por muerte. ¡Cállate, patética! El móvil de Sessions describe una elíptica factorizando enteros y la gravedad del momento lo aterriza sobre la estera. La boquita de piñón de Dios, cabreada, es la de un pez pensante, pero habla al fin: ¡Perro loco, bombardéame China! Y tú, dime Maik, ¿cómo va la ruina de Irán? San Miguel Pompeo, arcángel de la CIA del Gran Creador, da un O. K. sonriente. Y dice el Señor: Arréglame lo de las sanciones a Vladimir, hay que venderle tabletas, telefonillos, cosas de esas. está obsoleto, espía fatal. A Scott Pruit, consejero de Medio Ambiente Celeste y por ello negacionista del cambio climático terrestre, se le oye el i-fon en la entrepierna: Perdóname, My Lord, es Mariano, el de Spain, pregunta una y mil veces por Ti, dice que él no ha sido, que han sido los de Bruselas. El entrecejo divino se comprime: ¿Mariano?, ¿qué Mariano? ¿Spain? ¿Qué es eso? ¿Un marisco?

Mas el oro del telón de foro comienza a desvanecerse en la penumbra y cae el Cuadro I de la Primera Parte de «Los dados de Dios», sainete trágico-cómico por entregas. Oscuro. ¿Cómo acabará Melania? ¿Y el mundo? ¿Llegaremos a abril? ¿Saldrá Esperanza Aguirre a escena? (Continuará).