La Rioja

Niebla londinense sobre Francia

Los dirigentes de la Unión Europea cruzan los dedos para que 2017 no sea un año tan horrible como el que hemos dejado atrás. Pero los efectos que perduran de las crisis del euro y la de los refugiados, el 'brexit' en ciernes, las amenazas a la seguridad provenientes del yihadismo y de Rusia y la furiosa llegada a la Casa Blanca de Donald Trump siguen aquí, como el dinosaurio en el cuento de Augusto Monterroso. De todos los peligros que afronta la integración europea en los próximos meses ninguno tan serio como la posible victoria en Francia del Frente Nacional en las elecciones presidenciales. Si se produce este terremoto, la integración quedará cuanto menos varada y se pondrá en cuestión sus fundamentos y principios. El euro puede saltar por los aires porque se dispararía la desconfianza en el proyecto europeo. Estos comicios franceses, no obstante, tienen la ventaja de disputarse a dos vueltas.

La votación obligatoria entre los dos finalistas ya sirvió en 2002 para frenar en seco la conquista del Elíseo por una ultraderecha xenófoba. Pero con el anti-europeísmo en alza en tantos Estados miembros, alentado además por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el estancamiento económico y la poca confianza en el futuro de muchos franceses, esta vez las seguridades no son tantas. Durante los vaivenes de la moneda común europea, los presidentes Sarkozy y Hollande se han desgastado hasta el punto que ninguno de los dos ha conseguido llegar vivo, políticamente hablando, a estas elecciones. Ni siquiera los candidatos de sus respectivos partidos, socialista y republicano, parecen tener posibilidades de disputar la segunda vuelta a Marine Le Pen. A diferencia de su padre, dirige un partido que disimula mejor sus pulsiones autoritarias, hace un discurso populista 'transversal' y cuenta con una poderosa organización en todo el territorio del Estado.

El ganador de las primarias conservadoras, François Fillon, está tocado y tal vez hundido por el escándalo de los pagos no justificados de dinero público a miembros de su familia. En el centro-izquierda, Benoit Hamon no cuenta con el apoyo de buena parte del socialismo, por sus tics demagógicos y su semejanza a Jeremy Corbyn, cuyas propuestas condenan al laborismo británico a vivir en la oposición. Solo la figura del independiente Emmanuel Macron parece tener posibilidades de frenar al Frente Nacional. Este banquero, antiguo ministro de Hollande, supo traicionar a tiempo a su jefe de filas para no quedar abrasado por su tremenda impopularidad, como le ha ocurrido al primer ministro, Manuel Valls. Macron se ha reinventado como liberal, defiende la «soberanía europea» e improvisa las ideas que puede para no ser reconocido como heredero de ningún partido tradicional. Veremos si Fillon resucita o Macron resiste el envite. Cualquiera de los dos, con tal de no tener que añadir a la jerga europea la palabra 'frexit'.

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