La Rioja

CARAS, CARETAS Y CAROTAS

Miscelánea de cosas que no entiendo (VII)

De crueles videotecas. Antes todavía valía el echarse las manos a la cabeza y decir que nada de eso había ocurrido. Como el del chiste, para salir del embrollo, lo que había que hacer era. negar. Hoy, aparentar lo que no se es, es algo más complicado. Están las videotecas. Les pongo un ejemplo: imaginen que quieren ustedes estar seguros de cómo son realmente estos individuos e individuas de Podemos (el ejemplo comprenderán que está elegido al azar). Pues muy sencillo. Para saber a quiénes tenemos delante sólo hace falta que visionemos los vídeos en los que aparecen y escuchar lo que en ellos dijeron cuando todavía no necesitaban utilizar caretas. Después de eso, no entiendo que muchos sigan sin tenerlo claro. No lo entiendo.

De cosas que pasaron... sin comentar. Uno de los directores que tiene el cine español se llama Fernando Trueba. No voy a decir si en mi opinión es un buen o un mal profesional, varios compañeros, más ilustrados que yo, ya han expresado la suya en estas mismas páginas, pero lo que sí les diré es que este caballero me parece un poco rarito, juzguen ustedes: hace veintidós años, los americanos le concedieron por uno de sus trabajos el Oscar a la mejor película extranjera. Estaría bien ganado, los americanos para esto del cine tontos no son. ¿Pues saben lo primero que dijo antes de darles las gracias por el premio?: «Quisiera creer en Dios para darle las gracias, pero sólo creo en Billy Wilder». No entiendo a qué vino esa confesión de su ateísmo tan sinsustancia e inoportuna. No lo entiendo. Pero pasó el tiempo y aquí en España este mismo sujeto recibió el Premio Nacional de Cinematografía. Ya se imaginan, un trofeo y varias decenas de miles de euros. Era obligado dar las gracias y las dio diciendo, entre otras lindezas, que aunque el dinero le venía muy bien, él no era la persona indicada para recibir un premio nacional (en eso estamos de acuerdo) porque la verdad es que él no se había sentido español ni cinco minutos de su vida. No lo entiendo. Bueno, sí entiendo que esos sean los sentimientos de ese individuo, lo que no entiendo es que después de exponerlos no tenga el buen gusto de devolver la «pasta» que tan gansamente se ha llevado por ganar este premio que concede la nación española. No lo entiendo.

De las cosas que se oyeron... y no comentamos. Allá por los últimos días del mes de noviembre el congresista Pablo Iglesias estuvo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid asistiendo a la presentación de un libro. Aprovechando la ocasión el congresista reflexionó sobre la importancia que para un partido de izquierdas tiene la «conciencia de clase» y «el orgullo obrero». Nada que decir. Pero más tarde entró en terrenos personales y parece ser que dijo a quien quiso oírle que «.mi tía abuela Ángeles sirvió en muchas casas fregando para otros, y ahora su nieto está en la tribuna del Parlamento cagándose en sus muertos, por decirlo pronto y bien» (sic). No lo entiendo. ¿A qué viene hacerse esas cosas tan feas en los muertos de su abuela? No lo entiendo.

De desvergüenzas y sinvergüenzas... que ya pasaron. En el valle de Burunda, comarca Barranca, merindad de Pamplona, Comunidad Autónoma de Navarra y en una nación llamada España, hay una bonita localidad que se llama Alsasua. En esa localidad dos guardias civiles, un teniente valenciano y un sargento cordobés, estaban fuera de servicio tomando unas copas con sus respectivas, esposa y novia, cuando un grupo de unos cincuenta supuestos y valerosos gudaris les rodearon y les dieron una paliza de padre y muy señor mío. Días después, y tras las correspondientes investigaciones, siete jóvenes alsasuarras fueron encarcelados y cuatro más procesados con peticiones de penas entre diez y quince años de prisión. Algo había que hacer. Después de lo sucedido más de diez mil personas salieron a la calle en protesta. Una considerable manifestación a la que acudieron la portavoz del Gobierno de Navarra, la presidenta del Parlamento, representantes de Geroa Bai, EH Bildu, Podemos. etc., pero no crean que salieron a protestar para decir que lo ocurrido fue una canallada, lo hicieron para quejarse de que, tras los hechos, la imagen del pueblo había quedado dañada. Aunque supongo que menos dañada que las caras de los guardias civiles. Y todos tan tranquilos. No lo entiendo.

De la ley del embudo... que, aunque pasada, no se olvida. Hace pocos días el PSOE y el PP pactaron un aumento del 8% en el SMI (Salario Mínimo Interprofesional). No es como para comprarse una casa en La Riviera francesa, pero es mucho más de lo que tradicionalmente se ha venido subiendo en los últimos años. A pesar de ello el señor Pablo Echenique de Podemos ha cargado contra los firmantes diciendo que con esa porquería de salario no se puede vivir. No lo entiendo. Cómo no se va a poder vivir si él pagaba trescientos euros mensuales, y sin contrato, al asistente social que iba a trabajar a su casa y creo recordar que el asistente, difunto no está. No lo entiendo.

Y hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben, no tengan miedo.

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