La Rioja

Trump, al timón

Ni los peores augurios supieron indicar lo que sucedería en los primeros días de administración republicana en los Estados Unidos. A día de hoy el balance es desolador: la conducta y las decisiones del Gobierno Trump solo cuentan con una especie de positiva -por interesada- expectación de Moscú y la felicitación del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a cuenta del muro con México, porque a él le va bien con el suyo para controlar su frontera en el inquietante Sinaí.

El espectáculo es directamente teatral: la firma de los decretos presidenciales se hace con el autor rodeado de un puñado de fieles en su despacho y es seguida de algunas palabras del inspirado líder. Esta mezcla de atrevimiento, pedagogía y sentido del espectáculo es entretenida, pero tiene inconvenientes. El principal de éstos es que convierte al presidente de la superpotencia en una especie de caudillo popular que desea ser visto por la plebe gobernando a fondo, cumpliendo sus promesas, expresando el cambio de rumbo que según él esperaba el pueblo soberano.

Sus excesos son conocidos y han alcanzado un nivel de rechazo mundial a cuenta del veto a los ciudadanos de siete Estados árabes para su entrada en los Estados Unidos en nombre de la lucha antiterrorista. Entre ellos, por cierto, Iraq, aliado de excepción en la hora presente, cuyas tropas están combatiendo al terrorismo del 'Estado Islámico' y cuyos ciudadanos mueren a cientos en sus atentados. El sinsentido unido a la precipitación, un punto de campechanía y un supuesto dinamismo completan la presentación.

Pero Trump no podrá gobernar siempre a golpe de decreto presidencial, antes o después deberá acomodarse a ciertos arreglos con un legislativo que, aunque mayoritariamente republicano, incluye críticos de su propio partido. El mensaje solo provee la foto de un poder ejecutivo, un grupo de personas unidas por adherencias ideológicas y un visible odio por todo lo que huela a Obama. Son viejos ideólogos contestatarios y radicales cuya cabeza visible es Stephen Bannon, quien ha recibido un puesto central, de coordinación se diría, en el Consejo de Seguridad Nacional, corazón del poder presidencial.

Medios solventes empiezan a hacerse eco de problemas al respecto. 'The Wall Street Journal' del lunes indicaba que John F. Kelly, general de Marines nombrado secretario de Seguridad Nacional, está incómodo en su cargo y en «rumbo de colisión» con el líder y su círculo íntimo, en el que brilla también el general Michael T. Flynn, nuevo consejero de Seguridad Nacional conocido por su explícita aversión al mundo islámico. En este contexto se puede suponer que Reince Priebus, un profesional de la política con una hoja de servicios en el partido republicano y nombrado 'Chief off Staff', solo podrá ser un jefe de personal, no un político con una opinión de peso. Vienen días interesantes.

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