La Rioja

Narcisismo y prudencia

Si Narciso viviera hoy no se quedaría abducido por un arroyo sino por sus selfis colgados en las redes sociales. Facebook, Instagram, Linkedin y otras herramientas del mundo viral híper-conectado no solo facilitan el comportamiento narcisista sino lo promueven; y ese fenómeno es fácilmente observable en las estrellas del mundo deportivo y del cine, por ejemplo. La autoestima exagerada, el sentimiento de grandiosidad y el amor desmesurado por uno mismo tiene muchas raíces. La primera reside en la necesidad de todo ser humano de promoverse a uno mismo con el fin de mejorar su autoestima y de protegerse ante posibles agresiones psíquicas. La segunda reside en la competición desenfrenada entre los diferentes actores representativos de un entorno definido como, por ejemplo, el del deporte de élite, el de los actores y otros famosos o el de los políticos de primera fila, que genera la necesidad de un reconocimiento social cada vez mayor. Los resultados, ciertamente envidiables, de esas personalidades generan, en general, admiración por parte de la sociedad en la cual se mueven que, a su vez, crea un alto estatus social. Normalmente, el estatus conlleva numerosas ventajas y prebendas: poder adquisitivo, trato preferencial, protección añadida, admiradores incondicionales, idolatría y otros privilegios. Estos beneficios refuerzan, asimismo, la tendencia narcisista porque las personalidades acaban de creerse grandiosos y superiores creando, así, un círculo vicioso. ¿Y qué ocurre con los primeros ejecutivos de nuestras empresas? Sus entornos respectivos, sus presiones sociales así como sus necesidades de superarse continuamente y su exposición pública, desde luego, no son muy diferentes a los que acabamos de describir, y el lector no tendrá problemas en pensar a uno u otro presidente de una empresa sufriendo el síndrome de Narciso.

El comportamiento narcisista tiene elementos positivos para las organizaciones. Los narcisistas, viendo el mundo como una imagen de sí mismos, tienden a ser trabajadores incasables, ambiciosos, creativos, emprendedores y visionarios irradiando, a la vez, cierto carisma. Sin embargo, el narcisista suele desarrollar comportamientos que pueden llevar a la empresa a situaciones delicadas y comprometidas. Estos comportamientos son: incapacidad de escuchar y de aceptar críticas, proteccionismo a toda costa, comportamiento absolutista y arrogante, falta de objetividad y de realismo y, por tanto, ceguera empresarial, desapego social generando envidia, muchas veces, colectiva, toma de riesgos inasumibles y utilización de la organización para fines propios y para una mayor gloria propia y no para el logro de los objetivos. Los problemas generados a la empresa pueden ser errores en la toma de decisiones, ineficiencias, desorientación de la organización y pérdida del enfoque corporativo, gastos e inversiones inútiles, mayor riesgo de fraude y engaño y, finalmente, huida progresiva de talento. Por tanto, podemos concluir que esta forma de megalomanía caracterizada por la necesidad de admiración absoluta y la falta total de empatía emocional pone seriamente en peligro la misión y la consecución de los objetivos de la organización.

Viendo que el entorno de los primeros ejecutivos y sus propias trayectorias profesionales promueven, muchas veces, comportamientos narcisistas proponemos introducir, a parte de las herramientas existentes para el buen gobierno corporativo, una fuerza que compensa estas posibles derivas narcisistas y que garantiza un comportamiento corporativo equilibrado en pro de la empresa y del bien común.

En el cuarto capítulo de su sexto libro sobre la Moral a Nicómaco, Aristóteles define la prudencia como la capacidad de deliberar y juzgar de una manera conveniente sobre los temas contribuyendo, así, a salvar y sostener nuestros juicios. La prudencia incluye la humildad, la voluntad y capacidad de reconocer las propias fuerzas y debilidades, la capacidad de contrastar, de objetivar, de relativizar y de debatir. La prudencia, siendo una virtud cardinal según Platón, se asemeja a la sabiduría haciendo buen uso de la razón. El jesuita Baltasar Gracián define en su obra 'Oráculo manual y arte de la prudencia' la citada virtud como el sol del pequeño mundo llamado ser humano añadiendo que es tan hermosa que consigue la gracia de Dios y de la gente. Creemos, por tanto, que la aplicación de la prudencia es una medida acertada para contrarrestar los efectos nocivos y perversos de comportamientos narcisistas. Asumiendo el riesgo de una posible deriva narcisista por parte del primer ejecutivo, proponemos que los miembros del consejo de administración, no solo muestren la capacidad de actuar según los preceptos de la prudencia sino actúen según ellos. Para poder actuar así hace falta que se cumplan dos condiciones: que los consejeros sean conscientes de su papel y que sean totalmente independientes del primer ejecutivo.

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