La Rioja

ENTRE VISILLOS

La que se avecina

No pasa hora sin que alguien invente un nuevo chiste o una chirigota sobre Trump, pero tampoco pasa día sin que crezca la preocupación por la que se avecina. Ha entrado en la Casablanca como Atila en el mundo antiguo, arrasando con todo, agrediendo a pueblos y naciones, destituyendo fiscales generales del estado y defendiendo la tortura. Tampoco se ha olvidado de insultar a la prensa. Intenta asustarla porque él sabe que una prensa libre es un pilar importante de cualquier democracia. En el fondo Trump, aunque obtuvo casi tres millones de votos populares menos que Clinton, es un presidente elegido democráticamente pero que tiene vocación de dictador porque es la autoridad ilimitada lo que le apasiona de verdad.

Trump se ha apresurado a cumplir lo que prometió a unos votantes a los que trata de fidelizar como hacen las grandes marcas con sus clientes. Su política migratoria está apoyada, total o parcialmente, por el 49% de los estadounidenses aunque haya levantado ampollas en el resto del mundo. El Parlamento europeo ha pedido vetar a Ted Malloch, el embajador para la Unión Europea que piensa nombrar Washington, un antieuropeísta que afirma que Europa está acabada. Ya saben, el Imperio, como en la Guerra de las Galaxias, siempre contraataca. Ya verán como todo se queda en nada. La respuesta del gobierno de Rajoy es una buena prueba del sometimiento y el compadreo que se va a producir. Los gobiernos conservadores no quieren plantar cara al nuevo líder mundial. Pese al ataque directo a todo lo hispano la respuesta de nuestro gobierno ha sido timorata y miedosa. Ya saben, el Imperio es el Imperio y Mariano Rajoy no pilota el Halcón Milenario, las alturas siempre le han dado pánico.

El hecho innegable es que en estos momentos Trump está llevando la iniciativa política en todo el planeta, está marcando el paso y abriendo caminos a otros que piensan como él. En Europa, lo que se avecina puede acabar con nuestros principios tradicionales que ya han sido minados en los últimos tiempos. En EEUU, Obama no ha evitado declarar que Trump es un peligro para los verdaderos valores americanos. Se trata de una advertencia pero también de una premonición. Si alguna vez alguien ha creído que Europa podía ser el contrapeso al poder anómalo de Trump o que este rey Sol se calmaría al llegar al poder estaba totalmente equivocado.

En Europa ahora solamente hay una ideología política en alza: la ultraderecha. Los pilares sobre los que elabora su discurso son sencillos: el ultranacionalismo, el antieuropeísmo y el odio al diferente. Veremos a ver qué ocurre dentro de unos meses en Francia pero si ante los escándalos que rodean al líder conservador, François Fillon y la división palpable de los socialistas franceses, Marine Le Pen alcanza la presidencia o se queda en puertas, será un motivo más para dar alas a una ideología que puede destruir la Europa que hoy conocemos. Desgraciadamente, la socialdemocracia, la única que puede servir de contrapeso, camina sin rumbo hace tiempo. En este panorama resulta muy difícil forjar liderazgos cuando no hay ideas. De momento sólo hay divisiones y enfrentamientos de los que España es un buen ejemplo. Ante este desierto de propuestas los ciudadanos desesperanzados se dejan seducir por quienes, como Trump, afirman combatir a unos poderes que se han dormido en los laureles.

Este es el momento en el que los líderes conservadores, socialistas o liberales, que han gobernado Europa en estos años de crisis, comienzan a darse cuenta de que ha sido un error gobernar sin escuchar a la calle. Han impuesto unas políticas que han agredido a las clases medias y trabajadoras, han hecho lo contrario de lo que prometieron y ahora llega un excéntrico ofreciendo un paraíso de mentiras y puede contagiar el triunfo a quienes, igual que él, tienen como último objetivo utilizar la democracia para después anularla. Malos tiempos se avecinan.

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