La Rioja

Contabilidad extracontable

El tiempo todo lo aclara al parecer, pero muchos todavía no habíamos acabado de entender cómo fue realmente la salida de Luis Bárcenas del Partido Popular. Dolores de Cospedal, la secretaria general, intentó explicarlo hace unos cuantos meses: habló de una simulación de finiquito diferida y, cachondeos aparte de los humoristas de guardia, muchos corrimos rápido a consultar a Google, y en última instancia al diccionario de la RAE, para hacernos idea de lo que significa una simulación diferida pero sin éxito. El propio Bárcenas, bien porque estaba en la cárcel, bien porque carece de vocación pedagógica, no quiso pronunciarse. Eran muchas las dudas y cuestiones que, además, aguardaban respuesta suya en los sumarios de los juzgados como para exigirle que distrajese unos minutos de su tiempo a satisfacer la curiosidad pelín morbosa que aquella argumentación de la actual ministra de Defensa había dejado colgada en el ambiente; un ambiente siempre proclive, obvio es recordarlo, a buscarle cinco pies al gato.

Pero, por fin, Bárcenas ha hablado ante el tribunal, no sobre su finiquito que a pesar del interés que entonces despertó no parece asunto prioritario, sino sobre las suspicacias -o ¿tal vez mejor sospechas?- que despierta el pasado de la financiación del Partido Popular y su paralelo enriquecimiento personal. Bárcenas es un personaje que a veces mide bien las palabras y, ante Su Señoría, que el lunes tenía la potestad de enviarle a soportar el frío que viene entre rejas, se mostró cauteloso aunque preciso. Una de las cuestiones sobre las que fue invitado a responder era la tan traída y llevada contabilidad b del partido que desde la tesorería él controlaba. Escuchó la interrogante y sin darle mayor importancia, lo aclaró todo en dos palabras, mejor dicho en cuatro si más o menos reproducimos toda la frase: era una contabilidad extracontable. Así de sencillo y así de luminoso. El problema que se plantea ahora es qué es realmente una «contabilidad extracontable». Intuirlo, lo intuimos, pero entenderlo es más bien de malpensados.

Nuevamente habrá que echar mano de todos los medios de consulta, incluido seguramente el Aranzadi, porque dudar siempre es humano y una contabilidad extracontable parece que responde a una expresión que en los diccionarios no aparece y en los círculos financieros implica que es una contabilidad que no está ni el activo ni el pasivo. Quizás sería bueno que antes de que el juez que lleva el 'caso Gürtel' se pronuncie, los académicos de la lengua revisen sus archivos, consulten antecedentes en latín y griego para definirlo. Yo creo que no sería justo que ni Bárcenas ni nadie sea condenado o absuelto por manejar una contabilidad extracontable sin que la mayoría de los ciudadanos sepamos a ciencia cierta de qué se trata. Ante dudas como esta, uno es cuando mejor valora la administración de Justicia y la responsabilidad de los jueces, una profesión más admirable que envidiable.