La Rioja

MATERIALES DE DERRIBO

Los militantes se han cansado de militar y ya no hacen el menor caso a los predicadores. «Lengua sin manos como osas hablar», se lee en el 'Cancionero anónimo' que es nuestra eterna canción. Abundan los predicadores y escasean los clientes. Los que hemos pertenecido a tantas épocas ya no sabemos cuál es la nuestra. Malbaratamos aquel divino tesoro cuyo libro de contabilidad era la cartilla de racionamiento y los jóvenes de ahora están más desilusionados que cuando nadie podía hacerse ilusiones sin ver fantasmas ataviados con sábanas de distintos colores. Cuando yo era un muchacho, hace de esto muchos años, a casi todos nos hicieron creer que la única juventud, la verdadera, no tenía que depender de los calendarios. También era mentira, aunque se apoyara en los versos de don Antonio Machado, que tuvo que huir con su madre de su madre patria. Ahora andamos en trifulcas menores entre el señor Sánchez, que no sabe cuándo deber desaparecer, y el señor López, que ignora cuál puede ser el momento más oportuno para incorporarse. Lo que más preocupa a los jóvenes de ahora es la factura de las pensiones que podrán cobrar cuando lleguen a viejos. Este año rozará los 140.000 millones de euros, lo que superará el presupuesto del mal llamado Tesoro en un 40%.

Hace años venimos edificando el futuro con materiales de derribo. El que venga detrás que arree, pero se van a quedar sin hipódromos o tendrán que sustituirlos por una noria. Eso estará en manos de Trump, que ha pasado, democráticamente, de ser el hombre más peligroso de Estados Unidos a ser el más temible del mundo. ¿Tendrá noticia este señor del pelo amarillo de quién son Pablo Iglesias y su díscolo Íñigo Errejón, de quién son sus más rojas teorías? El mundo va a cambiar y nosotros con estos pelos, que siguen siendo los de las dehesas. Estamos muy bien de dirigentes críticos y bastante mal de seguidores. Debieran manifestarse sólo los primeros.

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