La Rioja

Hombres del año

Aunque sin solemnidad ni referéndum alguno, el acreditado diario 'Le Monde' estimó en su editorial del martes que «el verdadero hombre del año es Vladimir Putin, no Donald Trump». No le faltan argumentos: Trump ha dicho y hecho tonterías considerables y parece disfrutar con su propio show mientras aguarda a sentarse en el sillón presidencial de la Casa Blanca el 20 de enero, pero el jefe de Estado ruso triunfa sin límites desde agosto de 1998, cuando, con solo 38 años, el presidente Yeltsin le nombró primer ministro entre la sorpresa general. Desde entonces lo ha sido todo y si dejó la presidencia (por imperativo legal) solo fue el tiempo preciso para dedicarse a dirigir el Gobierno mientras su socio Dimitri Médvedev alternaba con él y era jefe del Estado entre tanto. Todo indica que aún seguirá a cargo mucho tiempo. Si debió su confirmación tras la designación por Yeltsin fue porque apenas hecho jefe del Gobierno lanzó la segunda guerra de Chechenia y la ganó con procedimientos militares atroces. Algún reflejo de esta conducta se ha evidenciado en cómo afrontó la crisis de Siria tras decidir que Moscú no perdería sus bases allí, ni su vieja alianza, que dura desde los días de Al-Asad padre y el mismísimo Lionid Breznev, explicitada en los acuerdos de 1980.

El recurso a la fuerza aérea sin limitaciones visibles, el bombardeo incansable de Alepo, la decisión de conquistar a cualquier precio la ciudad para el Gobierno amigo y socio regional, han recordado la empresa chechena, con la particularidad de que el destino le ha dado una especie de socio en la persona de Donald Trump, quien no oculta una excelente predisposición hacia el dirigente ruso, a quien, en puridad, solo debería unir su común hostilidad al extremismo islamoterrorista practicado por el Daesh. Se obtiene la victoria como en Grozny, la capital chechena, que fue el Alepo de entonces y es ahora recordada un instante en las fotografías del horror común hijas de la decisión de Vladimir Putin, quien ha ganado en los dos escenarios.

Washington, dialécticamente en mala posición en tanto que el Daesh es también su enemigo, se congratuló de la derrota islamoterrorista en Alepo -una «buena noticia», según la fría consideración oficial-, pero se sabe en una posición incómoda, agravada por la confianzuda relación Putin-Trump, que promete emociones fuertes. Pugilistas ambos, amigos de los análisis simples e inteligibles y desconfiados ante las presentaciones intelectuales de los finos militares universitarios o los servicios de inteligencia, creen los dos en la victoria explícita, clara, mensurable y si es posible, por KO. Tan prácticos son que se dicen algo así como amigos sin conocerse. Esto, lector, es lo nunca visto y promete ser algo más que entretenido: puede ser inmanejable, aunque sus protagonistas hayan sido los hombres del año por sus poco edificantes méritos.