La Rioja

TENGO UNA INQUIETUD

Tengo una inquietud que lleva sobrevolando mi cabeza casi desde que comencé a conocerme, que es mucho menos tiempo del que cualquiera puede pensar. En el fondo conocerse es hacer de la piel que nos recubre una especie de película transparente, ver las arterias, las venas y los fluidos que nos recorren por dentro; músculos en tensión, e incluso las ideas que nacen en el estómago y nos trepan hasta la cabeza tomando forma en las neuronas. Hay ideas que he visto nacerme en los pies, concretamente en el dedo gordo, en el extremo de esa maldita uña a la que cada vez me cuesta más esfuerzo llegar. Digo ideas pero como periodista que soy quizás no sean otra cosa que estúpidas ocurrencias que brotan de cualquier desconfianza, de cualquier desconcierto pasajero fruto de una mente calenturienta que se inflama por cualquier necedad. ¿Pero cuál es esa inquietud de la que les hablaba al principio del texto? No lo sé. Pensar lo que pienso y darle después forma es un esfuerzo titánico. Sujeto, verbo y predicado. Ése es el discurso lógico del pensamiento en español a no ser que seas Góngora o un político. El genial poeta yacía en el hipérbaton, el político lo sobrevuela porque no consigue articular un discurso coherente más allá del 'telepronter' electoral o del eslogan, que es la muerte de las ideas, la radicalidad absoluta del manifiesto de adhesión al grupo que te da de comer, que protege la salud de tu economía y tu situación social. El político contemporáneo es mi gran inquietud. Ahora caigo... Me alucina lo evanescente de su indumentaria, su chándal de runner, su blazer de concierto, su bufanda de hincha. Hay una pose para cada segundo. Mas debajo de la carcasa no hay nada que lo sostenga. Quizás un día fueron idealistas o quizás desde pequeños estaban perfectamente diseñados para no albergar la más mínima inquietud.