La Rioja

REZA POR MÍ

El comandante José Antonio Fernández se despedía de su mujer, Rosario. «Reza por mí», le dijo, «porque este avión es una mierda». Unas horas más tarde Rosario era viuda y Fernández era uno más de entre las víctimas del Yak 42.

Sí, el comandante tenía razón. El avión ex soviético en el que le hacían viajar era una mierda. Lo sabía él, lo sabían todos los mandos, de milagro no lo sabía el Papa de Roma: hasta 14 reclamaciones habían llegado al Ministerio en las semanas previas por la seguridad y el estado de los aviones con los que mandábamos a nuestra gente a las misiones de paz en Afganistán.

Pero nadie hizo nada, porque había que ahorrar. Esto no pasó en 2011, año horrible sin dinero para nada. No, esto fue en el 2003, cuando jugábamos aún a primera potencia mundial de la muerte. Éramos los más chulos. Pero a nuestros hombres los mandábamos a cumplir con su deber en una cafetera inmunda y peligrosa.

«Son aviones alquilados a un grupo de piratas aéreos, que trabajan en condiciones límite. Sólo con ver las ruedas y la ropa tirada por la cabina te empieza a dar taquicardia». Esto lo escribía José Manuel Ripollés, también comandante, también muerto poco después.

Y luego, recuerden, la cosa empeoró. No sólo nadie reconoció el error, sino que encima los jefes de esos 62 muertos se largaron a soltar una sarta de mentiras a cual más bochornosa sobre cómo era el avión, y lo seguro y chachi que era. Y sobre lo bien que se hizo luego todo al recuperar los cadáveres, aunque luego las pruebas del ADN demostraran que poco menos que los habían recogido con una escoba, mezclando en las bolsas los restos al tuntún en al menos 30 casos. Sí, esas bolsas que mandaron a los familiares. Tengo un respeto tremendo a la gente que va por ahí en un uniforme con la banderita de España cosida: les mandamos a hacer lo que ha de hacerse, y ellos lo hacen. No son héroes, son profesionales. No se merecían un avión así, no. Y tampoco a unos jefes así. Que descansen en paz.