La Rioja

EL BISTURÍ

Leña al coche

Fiscalmente hablando, en España no hay sujeto más pasivo, ni más pringao, que quien toma la funesta decisión de comprarse un coche. Desde el feliz día de la entrega de llaves hasta su baja para el desguace, el vehículo para uso particular o «turismo» es una formidable máquina sacaperras al servicio del Estado despilfarrador. En agradecimiento, todos los españoles al volante somos potenciales delincuentes, más vigilados, perseguidos y sancionados que los muchos pícaros, chorizos, maltratadores o defraudadores que campan a sus anchas por ahí. Por si fuera poco, la combustión de derivados del petróleo es una contribución criminal al fin de los tiempos por provocar el calentamiento planetario que derrite polos, desertiza bosques y extermina especies.

La sangría tributaria al propietario de coche comienza con el pago del IVA (21%) y del Impuesto de Matriculación (hasta un 14,75% más, según el CO2 emitido). Repostar significa apoquinar casi la mitad en impuestos y circular por la vía pública supone atravesar una jungla infestada de coches patrulla, multacares y radares fijos, móviles y aéreos acechando a los conductores con una eficacia depredadora desconocida en otros ámbitos de la Administración. Además de pagar un seguro, el impuesto de Circulación y hasta por aparcar en la calle, a los cuatro años deberá pasar por la caja de la ITV aunque su auto esté en mejores condiciones que los chismes que lo inspeccionan. Y cuando tenga más de diez y usted no pueda comprarse otro, aparte de ser estigmatizado como peligroso agente patógeno y degradador ambiental, si un tipo hasta arriba de alcohol o anfetas le arrea por detrás y declaran siniestro total a su coche en lugar de a su agresor, a ver en qué irá al trabajo o al cole con los quinientos a mil euros que le soltarán por su chatarra.

El acoso al coche se agravó la semana pasada en Madrid. Resulta que los vehículos sólo causan el 25% de la contaminación urbana, cuya causa principal en invierno son las calefacciones. Entonces, ¿por qué no prohibir encenderlas los días pares en las aceras pares y por supuesto en todos los edificios oficiales, Ayuntamiento al frente, para dar ejemplo? La última carmenada ha evidenciado una gestión municipal basada en la improvisación, el parcheo y la chapuza, sí, pero de paso ha revalidado el viejo encarnizamiento público contra el vehículo particular con la demagógica excusa de proteger la salud frente al nuevo «asesino invisible», el dióxido de nitrógeno (NO2), que cada año causa muchas menos muertes que el consumo de alcohol, tabaco o fármacos. Pero claro, es más fácil cebarse con el coche, o sea con su conductor, esa presa indefensa atrapada en su habitáculo, ese mezquino sujeto que sufre pasividad en silencio, esa suculenta carne de sanción.