La Rioja

Desdén por los idiomas

Los idiomas no son nuestro fuerte, y sobre esta carencia y el carácter peninsular de nuestro país se funda seguramente el tópico de nuestro histórico aislamiento y nuestra permanente introspección. Ni siquiera la intensa escolarización de las últimas décadas ni la globalización han estimulado, parece, el interés por las demás lenguas, y quizá por ello España es uno de los pocos países del mundo en que se doblan sistemáticamente todas las películas. Algo que habría que reconsiderar en el futuro. La última encuesta del CIS ofrece datos bien reveladores: sólo uno de cada diez adultos estudia idiomas; siete de cada diez trabajadores aseguran que el desconocimiento de otras lenguas no les ha perjudicado en su labor; y un tercio de los encuestados afirma que no está interesado en estudiar idiomas y no lo haría aunque pudiera. Si se piensa en que la mayor parte de las nuevas actividades, de los trabajos de elevado valor añadido, tienen que ver con las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, y que vivimos en una realidad global entenderemos que esta posición ante los idiomas que refleja el CIS es un puro anacronismo que habría que revisar -sin que ello signifique infravalorar nuestra lengua-. El sistema educativo y la formación permanente de todos los trabajadores deben jugar su papel.