La Rioja

La mili del siglo XXI

No recuerdo el año exacto. Pero puedo jurar por Snoopy que yo le escuché a Felipe González lamentar amargamente la supresión de la mili en España. Decía el presidente, ya en la reserva después de haber perdido las elecciones del 96, que el servicio militar había sido un factor clave en la educación de la juventud española, en la cohesión nacional y en el aprendizaje social de muchas generaciones. Y lo decía por propia experiencia ya que fue alférez antes que fraile y de su Sevilla natal acabó en el CIR de Santa Ana de Cáceres. Igual que Pedro Sánchez creía equivocadamente que la ley del divorcio la aprobó el PSOE y no la UCD con Fernández Ordóñez, muchos están convencidos de que el servicio o militar obligatorio lo eliminó Felipe González y no Aznar en uno de los primeros gestos como presidente. No sé si acertaba o no en su análisis pero González estaba persuadido de que la eclosión de los localismos que afloraron con tanta virulencia en España en detrimento de la visión global-nacional de los primeros años de la Transición cuajaron en parte por el desconocimiento y desapego de las nuevas generaciones sobre otras partes de España. Sin olvidar la desaparición de una telaraña de amistades «de la mili» que en otro tiempo actuó como argamasa de una comunidad transversal diversa pero unida. La profesionalización de las Fuerzas Armadas era deseable e inevitable así que con el paso de los años y los nuevos hábitos los jóvenes españoles acabaron conociendo Roma pero no Sevilla, Bruselas pero no las Rías Bajas; hicieron paseos por el Danubio pero no sabían por dónde pasa el Tajo. Como le decía un renacuajo a su abuela en Estella a la vuelta de la ikastola: «Yo soy de Estella, de Navarra y del mundo».

El plan Séneca para universitarios fue un intento fallido de recuperar el atractivo de salir de casa para conocer otras latitudes, otras gentes, otras lenguas. Y renunciar al primer mandamiento familiar en España: «Como en casa en ningún sitio». Luego con la crisis el Gobierno lo envió a la papelera. Ahora una ministra catalana, joven, inquieta con la compartimentación territorial que nos invade lanza la idea de un Erasmus nacional (Programa Cervantes) para jóvenes entre 14 y 18 años que quieran salir de la zona confort de su ciudad para aventurarse un curso en otra ciudad y convivir con otra familia. En la idea se pueden encontrar rastros de aquellos sistemas 'au pair', o intercambio con familias extranjeras, pero las primeras reacciones del gremio educativo y los partidos de la oposición ha sido: «Uufff». Que si son menores, que si los programas son diferentes entre las comunidades; que si no se habla de subvenciones. Parece que no están muy por la labor. Les mola más mandar al niño a Irlanda un mes que ya viene aprendido de inglés. Dicen. Yo no lo veo mal. Un añito fuera de casa de mamá puede ser como la mili pero sin los inconvenientes horribles del cuartel y el campamento.

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