La Rioja

MENA Y NAVARRETE, NAVARRETE Y MENA

Cuando de crío atravesaba esa calle que comunica Madre de Dios con avenida de la Paz, camino de la Sociedad Recreativa Cantabria, siempre me preguntaba quiénes eran Mena y Navarrete. Sabía que eran beatos, pues así rezaba la placa del callejero, pero desconocía de su ascendencia riojana, de su martirio en Japón, de su parentesco -eran primos carnales- y de la coincidencia tanto en nombre como en apellidos.

Y es que el mayor de los primos se llamaba Alonso de Navarrete y Mena (Logroño, 1571) y el menor, Alonso de Mena y Navarrete (Logroño, 1578). Bautizados en el imperial templo de Santa María de Palacio, ambos cursaron sus estudios eclesiásticos en Salamanca, se ordenaron dominicos y se embarcaron como misioneros al Lejano Oriente, primero en Filipinas y después en Japón.

En el 2017 que ahora aterriza se cumplen 400 años del martirio de fray Alonso de Navarrete y Mena, perseguido en la región de Omura por expandir la fe cristiana entre los infieles nipones. Tres golpes de catana segaron su vida el 1 de junio de 1617, en la isla de Tacaxima.

Fray Alonso de Mena, por su parte, cayó prisionero en 1619 y, tras sufrir cautiverio a lo largo de casi tres años, fue quemado en la hoguera el 9 de septiembre de 1622, en Nagasaki.

Dos siglos y medio más tarde, ambos Alonsos, Mena y Navarrete, Navarrete y Mena, fueron beatificados el mismo día -7 de julio de 1867- por el mismo Papa, Pío IX, y también comparten calle en su ciudad natal desde 1950.

Sobrino del historiador logroñés Fernando Albia de Castro -autor del libro 'Memorial y discurso político por la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Logroño'-, el beato fray Alonso de Navarrete es uno de los protagonistas de 'Los primeros mártires del Japón', drama misional de Lope de Vega.

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