La Rioja

POLÍTICA TUITERA

En Twitter uno no argumenta: asevera. El tuit dubitativo, o simplemente matizado no existe. Es que no hay sitio, y además cualquiera que haya pasado por allí sabe que eso no vende.

Una opinión en blanco o negro se gana retuits y seguidores; a una gris nadie le hace caso. Una opinión fuerte hace que la gente te conteste, te aplauda, te insulte. Y todo eso engorda el ego del tuitero, especie ególatra por excelencia.

Tener un debate en esa red social es peligroso. Y más cuando esa bronca se desarrolla entre dos tipos dados a, eso, la opinión fuerte. En un instante, los que eran amigos son de repente caníbales africanos buscándose las criadillas. Y si ya en el mundo real es complicado construir un consenso, en esa irrealidad tuitera es un milagro.

Por eso ahora que veo cómo los dirigentes de Podemos se están dedicando a sacarse los ojos en Twitter sólo puedo pensar: malo. No tengo ni idea de qué pasa ahí dentro. A estas alturas no creo que ni ellos lo sepan. Cuando las cosas se ponen así de negras en una organización, todo recuerda a un matrimonio en proceso de disolución: hay broncas heredadas que vienen de tan lejos que ya ni se sabe cuándo empezaron. Cualquier palabreja se toma siempre por el lado chungo, cualquier intención se entiende envenenada.

El problema es que ese matrimonio se comunica con mensajes de 140 letras, y encima delante de todo el mundo. La sensación que dejan los de la formación morada es, por un lado, triste: ay que ver, qué chunga ha de ser una organización que tan pronto implosiona delante de todo el mundo mundial. Pero por otro lado da un poco de miedo. Lo que han enseñado los militantes y dirigentes de Podemos en los últimos días es de un sectarismo que asusta. Y si nos enseña algo la historia reciente española es que sectarios, los justos. Que los carga el diablo.

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