La Rioja

Navidad entre chispas

Las chispas que saltan en el interior de los partidos está eclipsando la iluminación navideña. La lucha por el poder dentro de las propias familias políticas no se ha tomado tregua navideña. Los navajazos por su disputa ni siquiera descansarán hoy en recuerdo de la matanza de los Santos Inocentes. Los líderes de Podemos, el partido que surgió de la crisis para calmar ánimos y restablecer la convivencia, son los que más destellos brillantes lanzan al ambiente de fiestas con sus navajas afiladas.

En medio de las celebraciones y las alusiones constantes a la paz, resulta acongojante el espectáculo bélico que esos dos jóvenes de aspecto inofensivo que se llaman Pablo Iglesias e Íñigo Errejón están protagonizando. Y con ellos, sus actores de reparto, Echenique, Monedero, Bescansa, la ínclita Rita Maestre, el pintoresco Kichi, o Espinar, el nuevo jefe de escuadra de Madrid, decidido a cortar cabezas políticas sin piedad.

Las batallas precongresuales de los partidos suelen ser agitadas. La docilidad interna se transmuta en ambiciones desatadas cuando tocan relevo. En España, como en otros muchos países democráticos, se han vivido -y se vivirán- luchas por tomar el mando en todos los partidos. Pero con tanta antelación, tanta agresividad y tan deprimente espectáculo como el que están ofreciendo las vísperas del llamado Vistalegre II de Podemos pocas veces.

Las peleas podemitas, que tanto recuerdan a las que ahora hace cien años se vivieron en Rusia, llaman especialmente la atención por su carácter prematuro, por su virulencia y por la sorpresa que produce ver a los que tanto critican a los demás multiplicarlo por más de lo mismo. Pero tampoco hará falta decir que en los demás partidos haya sido diferente la degustación del turrón de Nochebuena. Las entrañables cenas entre familiares y compañeros de partido es frecuente que se agiten.

En el propio PP hay viejos y conspicuos miembros influyentes empeñados en amargarle a Mariano Rajoy el éxito de su paciencia esperando por la investidura y su predisposición inédita a aceptar las exigencias que cada allegado le van poniendo. La espantada de Aznar, con la significación que tiene la ruptura entre un padre y un hijo, es de la que hacen historia como en su día la hizo la que protagonizaron Felipe González y Alfonso Guerra.

Del PSOE no hace falta repetir lo bien sabido. La crisis abierta por la abstención que posibilitó la continuidad de Rajoy, lejos de disiparse, se reverdece por momentos con la disputa a cara de perro por el liderazgo futuro entre Pedro Sánchez, que no se resigna a pasar a la reserva, y Susana Díaz, que no oculta que sus ambiciones traspasan Despeñaperros. En fin, tampoco Ciudadanos, el partido amoldable que se exhibe, es una balsa de aceite, ni, por supuesto, hay que desdeñar por bien conocido el guirigay catalán con los descerebrados de la CUP aprovechando el caos para manejar la batuta a su antojo.

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