La Rioja

ÓRDENES DE EXPULSIÓN

La política migratoria, que no se sabe dónde empieza, siempre acaba en lo mismo: echa a los de fuera. La Unión Europea va a limitar la hospitalidad y prefiere darles con la puerta en las narices a los que siguen viniendo, que dejarlos contemplar los escaparates navideños. A eso sí que le podemos llamar 'operación retorno'. La mayoría de las personas que habitaron entre nosotros desde las llamadas 'primaveras árabes' han visto rechazadas sus solicitudes de asilo. Hay quien dice que de fuera no puede venir quien de casa nos eche, pero los ricos nunca estorban y la admirable disposición a recibirlos ha aumentado entre nosotros, siempre dispuestos a hacerles un hueco a quienes puedan pagarse un buen hotel y visitar museos. En España estamos seleccionando a visitantes y sólo hay que devolver a los que no corren el riesgo, si se les pide la documentación, de que no se les caiga un puñetero euro. Los demás son turistas y tienen todas las puertas abiertas y no necesitan llamar, ni arriesgarse a que les den con ellas en las narices, expertas en oler escaparates a través de los cristales. Sólo reflejo de una situación, porque corregirla no es misión de un cronista, más o menos humilde, sino de los que han hecho de la política su oficio y su beneficio.

Somos orgullosamente europeos, pero la Unión Europea va a deportar al 36% de migrantes. Si no se nos cae la cara de vergüenza es porque tenemos mucha cara o poca vergüenza. Tampoco andamos muy bien de memoria y se nos ha olvidado de que fuimos, no hace mucho tiempo, un país de migrantes, sin más armas que una maleta de madera y muchas ganas de comer. ¿Será verdad eso de que no tiene historia la alegría y lo que mejor se recuerda son las épocas malas? Nunca lo he creído. Claro que yo creo en pocas cosas. De mis muchos libros, el más importante es mi agenda de direcciones. Al gran Gil Parrondo no podré volver a llamarlo y, lo que es peor, él no podrá volver a llamarme a mí.

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