La Rioja

SEGURO AZAR

Los aviones se caen y la vida sigue a su aire. En España se registran 17 millones de desplazamientos, lo que prueba que no sólo los políticos son los que no están a gusto en su sitio. Los que no podemos cambiar de posición intentamos por unos días variar de fortuna y se habla de derroche, pero hay gastos útiles, aunque consistan en adornar las ciudades para hacer invisibles a los pobres. Los grandes despilfarros navideños son en luz y sonido y sólo demuestran que lo superfluo es de primera necesidad cuando es de segunda necedad. Hay que intentar pasarlo lo mejor posible, ya que lo nuestro es pasar y dejarle sitio a los que vayan llegando. Su majestad el Rey nos ha transmitido paciencia y esperanza, pero su mensaje también ha tenido algo de bronce. ¿Es que no nos hemos dado cuenta de que todo podía haber ido peor? Su cargo es el más difícil porque tiene que hacerse cargo de nosotros y todos somos hijos de la madre patria, incluso los que desean separarse de quien los parió.

Habría que llevarse mejor, como están haciendo Putin y Donald Trump, pero los catetos nacionales no aprenden. Los dos se han hecho aparentemente amigos y ya se sabe que quien tiene un amigo tiene un tesoro y quien tiene muchos, como el presidente de los Estados Unidos, tiene siempre clientes para venderles armas y que continúen matándose mientras se firman tratados de paz. En la vieja Europa, que por cierto tiene la mima edad del universo, la olla a presión sobre Merkel para deportar a los refugiados ha crecido a pesar de haber muerto el sospechoso del atentado. ¿Cómo puede matar a doce personas alguien que estaba vigilado por su peligrosidad y tenía orden de expulsión? No se puede expulsar a todos los sospechosos, incluso a los que sólo se les acusa de inspirar sospechas. La solución parcial será poner límite para las hospitalidades: sólo 200.000 refugiados podrán entrar en Alemania. A la señora Merkel no le gusta. Ni a nadie. Porque no es la solución.

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