La Rioja

Papel en blanco

La revista Time ha elegido como persona del año a Donald Trump, una decisión para muchos controvertida pero que la veterana revista justifica con buenos argumentos. Por un lado, ensalza que el ganador de las elecciones presidenciales haya sido capaz de conectar con una América oculta y dar voz a sus miedos. Muchos norteamericanos que habitan en el lado soleado de la globalización, en las grandes ciudades y en las costas, no se daban cuenta de que sus conciudadanos de medio país miraban con pesimismo y mucha preocupación al futuro. Trump sí lo había detectado y ha tenido la inteligencia política de convertirse en su candidato, al encabezar el movimiento anti-Washington. Por otro lado, el neoyorkino ha cambiado la manera de ganar unas elecciones presidenciales, derrotando a todos los expertos en encuestas y campañas. Casi en solitario, con un avión y una cuenta de twitter, ha ido hilvanando de forma espontánea ataques, insultos, ocurrencias, hasta conseguir la victoria electoral. Lo ha hecho sin necesidad de elaborar un programa detallado de gobierno ni de poner en pie una costosa organización de leales en cada uno de los Estados. Ahora se dispone a inaugurar su presidencia con el mismo modus operandi, que combina en partes iguales la agresividad y la improvisación.

En el fondo, estamos ante una hoja en blanco. Ninguno de los dos grandes partidos, demócrata y republicano y nadie en las universidades, los 'think-tanks' o los medios de comunicación tienen capacidad de predecir hacia dónde puede evolucionar Donald Trump a partir de su juramento el 20 de enero. Sabemos de su preferencia por el nacionalismo y el proteccionismo económico y las promesas de mayor control de fronteras y de expulsión de inmigrantes. También es bien conocida su oferta contradictoria de bajar impuestos y al mismo tiempo aumentar exponencialmente el gasto público para financiar un gran programa de inversiones en infraestructuras. Llama la atención la selección de sus colaboradores en el gabinete, unidos por la radicalidad, muchos de ellos empresarios sin experiencia en el ámbito público.

En lo que respecta a su agenda internacional, Robin Niblett ha sintetizado muy bien sus posibles intenciones, «confrontar a China y aliarse con Rusia» (justo al revés de aquello a lo que últimamente aspiramos los europeos). Pero ante una buena 'jugada' en la que Trump en ese momento estime que gana frente a rivales que a su vez pierden, no se le pondrá por delante ningún límite ideológico y, posiblemente, tampoco será escrupuloso en exceso con las normas. Lo que a todas luces consideramos un defecto, no saber qué valores y qué visión del bien común guían a un presidente norteamericano, para Donald Trump es una herramienta de su éxito. Estemos preparados para la improvisación continua y la gestión del poder como un show de televisión. La hoja en blanco no tardará en emborronarse.

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