La Rioja

ÓRDENES DE CAPTURA

Cuando las cosas no pueden solucionarse de otra manera, siempre queda un recurso último: resolverlas con dinero. Alemania ofrece 100.000 euros por atrapar al atacante del mercadillo navideño, que al parecer era un tunecino y, por lo tanto, un sospechoso. Había llegado al gran país, que fue capaz de sobrevivir a sus penúltimos héroes, con la ola de refugiados y lo ficharon como yihadista. Tenía 24 años y hospedaba una sola idea en la cabeza, encarcelada por un turbante disfrazado de pañuelo.

Voltaire está perdiendo la batalla contra el fanatismo. Los bestias son más. Eso es todo, pero no es suficiente para explicar el porqué y recurrir al dinero, que es una razón suficiente. ¿Cómo atrapar a los malos si son más que los buenos? Los más pesimistas, entre los que yo no me encuentro, para que no me encuentren ellos, creen que el mundo no tiene arreglo, pero ignoran quién lo desarregló. El gran Goethe, que fue una de las grandes luminarias de su siglo, reclamaba lo mismo que las amas de casa españolas, «luz, más luz», pero la banca está negociando en España cómo devolver la cláusula suelo, que tiembla bajo nuestros pies y que ya no sabemos dónde ponerlos, ni para qué los queremos, si no es para huir.

Al perro flaco todo se le vuelven pulgas, que decía mi angelical amiga Gloria Fuertes, que venía a Málaga a verme disfrazada de Popeye. Siempre fue una niña que desatendió las órdenes de captura, tan variables, según las épocas, ya que cada uno de nosotros no somos de nuestra época, sino que nuestra época somos nosotros. La banca va a negociar, caso a caso, cómo devolver la cláusula suelo. Hay que reintegrar los 4.200 millones que cobraron algunos de más y otros de menos. A ver si tenemos estas fiestas en paz y la cláusula suelo no invita a decir eso de «¡Tierra, trágame!». No hay que impacientarse.