HALCONES Y PALOMAS

MANUEL ALCÁNTARA

Hay que completar el ajuste de cuentas y faltan 7.000 millones de euros. Eso es todo, pero no es más que una parte. La subida de impuestos en tabaco, alcohol y en solidarias bebidas acompañantes van a ingresar en el mal llamado Tesoro Público unos 4.800 millones de euros el año que viene. Se mueven hasta las estatuas, hartas de bostezar en las mismas plazas. Cuando todos seamos igual de pobres se habrán acabado las rivalidades que determinan las luchas de clases, que ahora no son tan simples como en los tiempos de don Jorge Manrique, que las dividió entre «los que viven por sus manos y los ricos». Ahora todos quieren meter mano y Rajoy ha lanzado un plan de medidas fiscales para repartir mejor lo que hay. El Consejo de Ministros lo ha aprobado, en vista de que no podía darle sobresaliente.

Hasta que no le pidan por la calle autógrafos al más bien tétrico señor Montoro, que hace lo que puede y lo que no podemos hacer los demás compatriotas, la cosa no tiene otra solución. No es improbable que algunos le echen de menos cuando se produzca el relevo y un populista sustituya al contable.

Hace mucho años que don Carlos Marx, que ha sido el hombre más influyente de los dos últimos siglos, dijo que el socialismo era la inversión del régimen capitalista de propiedad y pidió «la expropiación de los expropiadores». El experimento fracasó y ahora ha llegado Trump. Por otra parte, que es la que más cerca nos toca, tanto el PP como el PSOE siguen al mando de la situación política, que aún no está situada.

Si el bipartidismo ha vuelto es porque nunca se ha ido. Se quejó el padre Rubén Darío, quizá para rimarlo, que cuando Dios revisó sus planes, con puntos y comas, no debió crear gavilanes después de crear palomas. Cuestiones de zoología. Nosotros somos animales descontentos, no como los otros, que no pagan impuestos.

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