La Rioja

Pequeños gestos que dan vida

Lo hemos convertido en un acto cotidiano: acudimos a un establecimiento comercial, adquirimos alimentos, procedemos a su cocinado y al final disfrutamos de una comida. La mercadotecnia pone a nuestra disposición ingentes productos alimentarios con una variedad inimaginable desde hace tan sólo unas décadas. Incluso en una tierra agraciada como la nuestra, la cultura gastronómica ha convertido la alimentación en un arte.

Ese acto ordinario oculta un drama para un sector de nuestra población: los que sufren de carencia alimentaria. El Banco de Alimentos de La Rioja, distribuyó el año pasado alimentos a 15.651 personas, es decir más del 5 % de la población de nuestra Comunidad. Podemos definirlo como 'hambre oculta'. La dificultad para tener una alimentación digna no es una realidad alejada del primer mundo y que nos obligue a recapitular imágenes dantescas visionadas en los medios de comunicación. El hambre olvidada y la malnutrición es una realidad diaria con el que convivimos sin ser conscientes de su existencia por la simple razón de que no la padecemos individualmente.

Frente al drama del 'hambre oculta', la sociedad riojana puede adoptar tres opciones: la primera, entender que la dificultad de acceso a una alimentación digna existe desde que el hombre es hombre. Como una suerte de maldición bíblica, el hambre existe y existirá. La sociedad riojana no debe hacer nada por cuanto es un problema irresoluble.

La segunda es focalizar al responsable. Si el derecho a la alimentación es un derecho humano universal recogido en diferentes tratados internacionales y a una parte de nuestra población se le viola ese derecho, la culpa es de los poderes públicos, únicos garantes. Consecuentemente la sociedad riojana tampoco debe hacer nada, salvo exigir a los poderes públicos que tomen las medidas adecuadas.

Las dos opciones anteriores, legítimas ambas, tienen una indudable ventaja colectiva, no debemos hacer nada, y una desventaja, ser parte integrante de una sociedad carente de valores y principios, donde nos permitimos abandonar a su suerte a los que padecen una necesidad.

La tercera de las alternativas es considerar que como problema común, la solución debe ser de todos, invocando a la responsabilidad individual y la solidaridad colectiva.

Existen numerosas vías para adoptar una actitud proactiva. Posiblemente uno de los mecanismos más eficaces sea donar alimentos a nuestra entidad. Hoy viernes 25 y mañana sábado 26 de noviembre, los Bancos de Alimentos de nuestro país, organizamos la IV Gran Recogida de Alimentos. El año pasado la sociedad riojana donó 213.691 kilogramos de alimentos. Este año el reto es alcanzar los 215.000 en La Rioja y más de veintidós millones de kilogramos en la totalidad del Estado.

El lema de esta 'gran recogida', Pequeños gestos que dan vida, es toda una declaración de principios y un aldabonazo a la conciencia colectiva.

Todos estamos invitados a adoptar un pequeño gesto los dos días que dura la acción solidaria: ejecutar nuestro acto cotidiano de adquirir alimentos, pero pensando también en terceros. Cuando compramos alimentos y los entregamos a cualquiera de los cientos de voluntarios que estos días los recepcionan, no sólo nos ennoblecemos como individuos solidarios, sino que como cuerpo social, mitigamos la carencia de alimentos de un sector de la población. Estamos donando vida a los miles de personas de La Rioja que los recibirán posteriormente.

Dado que la solidaridad no es cuestión de dos días, la sociedad riojana debe asumir otro gran reto: combatir el desperdicio alimentario. Los alimentos que se tiran a la basura son alimentos que robamos de la mesa de otros, de los que tienen hambre.

Como sociedad no nos podremos poner el calificativo de justa si nos olvidamos de los que sufren y los alimentos donados serán las armas con las que combatamos contra el hambre oculta. Hay guerras justas en las que hay que luchar y a ésta, todos estamos llamados.