La Rioja

EDITORIALES

Maltrato

El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer se conmemora hoy en todo el mundo, cuando ayer fue asesinada una joven en Fuenlabrada. Con ella se elevarían a cuarenta las víctimas mortales del machismo en nuestro país en lo que va de año. La ONU estima que un 70% de las mujeres sufre violencia por tal condición a lo largo de su existencia. Pronto se cumplirán 19 años del día en que Ana Orantes fue quemada viva por su exmarido tras haber denunciado en televisión el maltrato que había padecido durante cuatro décadas. Su terrible final representó un antes y un después para una sociedad desarrollada como la española, que no acaba de liberarse de la crueldad machista. Y aun siendo indignante el fatalismo al que las mujeres violentadas se ven sometidas en España, nuestro país se sitúa por delante de otros de nuestro entorno que ocultan aun más tan deleznable miseria moral. Qué decir de aquellas regiones del planeta en las que las mujeres ni siquiera acceden a mínimos de igualdad legal. La violencia machista es la manifestación extrema del sentido de posesión con que muchos hombres conciben su relación con las mujeres, exigiendo de éstas la absoluta sumisión a su dictado. Basta comprobar la edad de las personas encausadas por maltrato para concluir que tal comportamiento aflora ya en la adolescencia y no remite ni en la senectud. Se trata de una violencia especialmente cruel, por cuanto el victimario se aprovecha de los afectos que despierta en la víctima para convertirla en esclava de su sadismo. Para someterla al juego macabro de una tortura física y psicológica de la que la mujer maltratada no puede librarse tan fácilmente cuando se ha visto sujeta a un vínculo de dependencia sentimental y material en un entorno social que acalla su dolor y da cobertura al mal. Las sociedades avanzadas tenemos la obligación de erradicarlo aquí, donde la ley se hace valer y nadie puede aferrarse a atavismos para justificar lo peor. Es necesario que las Administraciones concernidas dediquen más recursos materiales y humanos a su prevención y a la protección de las víctimas, al tiempo que se amplían las facultades de la Justicia para atajar su amenaza. Pero en última instancia corresponde a los ciudadanos atajar la violencia machista antes de llamar al 016.