La Rioja

La fierecilla domada

Saltas de la cama, pones la radio y empiezas el día oyendo la noticia de un nuevo caso de violencia de género. Un mal sabor de boca te acompaña. No hace falta que sea tu madre, tu hermana o tu amiga. el corazón se resiente por igual.

¿Qué harías si supieras con certeza que tu mejor amiga está siendo maltrata por su pareja? ¿Si fuera tu vecina de al lado, tu hermana, tu hija, o tu madre? ¿Qué se te removería por dentro?

Seguro que todos nos manifestamos en contra de este tipo de violencia que sacude a las mujeres, pero a veces se nos pasan otro tipo de pequeñas conductas, actitudes o creencias diarias, igualmente dañinas para la mujer, que se sufren a diario.

Salgo de casa, me dirijo al trabajo en coche, mientras en la radio suena: «Toda, de arriba abajo, toda, entera y tuya, toda, aunque mi vida corra peligro»; estoy aparcando y oigo: «No sabe aparcar, mujer tenía que ser»; decido parar para saborear un café y en la televisión del bar se emite un anuncio de un remedio muy eficaz para limpiar manchas, mostrando a una madre con su hijo. me dirijo al baño y un cartel de un icono con una mujer y su bebé me informa de la sala habilitada para cambiar pañales a tu hijo.

Cuando le estoy dando el último sorbo al café, escucho la conversación de una pareja justo al lado, en la barra: «¡Chica que humor tienes, seguro que estás con la regla!», «Cariño, no te quejes tanto, encima que te ayudo con los niños». Pienso: es hora de irme. Y mientras me pongo mi abrigo, tarareo una canción que tantas veces he cantado: «Porque nada valgo, porque nada tengo, si no tengo lo mejor, tu amor y compañía en mi corazón».

Y así, un suma y sigue de cuestiones que no son ni pequeñas ni insignificantes y que marcan el inicio de otros comportamientos más graves, germen de la desigualdad más profunda que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo, y que es la violencia de género. Todos tenemos la obligación de descubrir esos machismos para que no continúen su labor de estereotipar, denigrar y violentar. Y cuanto antes lo hagamos, y con la gente más joven, más efecto multiplicador y beneficioso tendrá. Por desgracia, nuestros adolescentes creen vivir en una sociedad libre donde todo está conseguido, en una apariencia de igualdad, que sin duda no lo es.

Mi día a día, como el de cualquier otra persona, está repleto de acciones, de gestos y palabras cargadas de sentido o intencionalidad; está en nuestra mano poder detectar aquellos mensajes machistas que atentan contra la libertad.

Los micromachismos son prácticas de dominación y violencia masculina en la vida cotidiana, que comprenden un amplio abanico de maniobras interpersonales que impregnan los comportamientos masculinos en lo cotidiano.

Una cuestión de roles que incluso forma parte de la gran literatura clásica. Ya William Shakespeare ilustraba, espléndidamente, las estrategias de utilización de muchas de estas maniobras en función de dominar a la mujer, restringiendo con hábiles artes su autonomía, en su obra La fierecilla domada. Su lectura alumbra con gran nitidez el efecto devastador de estas estrategias de dominio.

Lo fácil resulta sumarse a este día mundial de denuncia, pero lo complejo es mirarse al espejo y repudiar nuestros comportamientos cotidianos. De qué vale vivir durante semanas saturados de datos o cifras de niñas mutiladas, de jóvenes violadas, de mujeres asesinadas. si a continuación pasamos página y nos dedicamos a disfrutar, por ejemplo, de un reality show donde dos mujeres compiten por el favor del macho, o donde ellas, adolescentes, asumen el papel de «es mi hombre y que haga conmigo lo que quiera» o arremeten contra la otra chica mientras el macho se pavonea de sus actitudes.

Nosotros en nuestro día a día, en nuestro trabajo, cuando juzgamos u opinamos, sobre comportamientos, hagámonos esta pregunta: ¿lo que vale para nosotras, vale también para ellos? O lo que es lo mismo, ¿lo que no vale para ellos, vale para nosotras?

Muchas veces, sin querer, a través de esta permisividad, esa tolerancia y pasividad, somos cómplices de esas ideas machistas. Las aprobamos. Cuando las mujeres os pedimos apoyo, es para erradicar este tipo de comportamientos que podrían resurgir más en estos tiempos donde el odio engendra más odio. Y no os lo pedimos de manera paternalista, sino porque buscamos el apoyo de nuestros iguales. Cuando no veis todo esto, estáis negando a vuestras madres, vuestras hermanas y vuestras parejas, estáis negando toda una historia de machismo y patriarcado. No es que a nosotras nos guste ir de víctimas, pero no podemos mirar para otra parte y negar la evidencia. Nuestros hijos necesitan un entorno más igualitario donde no haya cabida para este tipo de violencia.

En este 25 de noviembre de 2016, y más que nunca, ya no vale el no pasa nada, y qué exagerada eres. Porque todo importa, lo micro también, todo suma.