La Rioja

EL BISTURÍ

Premio con partido

Además de sacar en impuestos buen partido de la adicción de sus súbditos a las dos grandes toxicomanías legales, el alcoholismo y el tabaquismo, el Estado se comporta como un proxeneta de ludópatas. La Sociedad Mercantil Estatal 'Lotería y Apuestas del Estado', adscrita al Ministerio de Hacienda, gestiona, explota y comercializa hasta nueve modalidades de juego de ámbito nacional: Lotería Nacional, La Primitiva, Euromillones, BonoLoto, El Gordo de la Primitiva, La Quiniela, El Quinigol, Lototurf y Quíntuple plus. La estrella mayor de esta constelación del vicio de apostar es la lotería de Navidad, cuyo primer premio fue bautizado «el gordo» por una España famélica donde el obeso era un afortunado personaje de ficción.

Durante años, la ocasión de ganar el gordo la pintaron calva con una especie de Nosferatu pasado por el cirujano plástico cuyo fantasma se paseaba por un gélido paisaje en blanco y negro. El horror alcanzó su apoteosis en 2013 con el anuncio del monstruoso quinteto protagonizado por Caballé, Bustamante y Raphael. Hasta entonces los premios estaban libres de impuestos, pero aquel año el ministro vampiro Montoro impuso un gravamen del 20% para sacar también partido de los premios superiores a 2.500 pavos, y la publicidad lotera derivó al terreno de la sensiblería lacrimógena, utilizando cortos que pretenden tocar la fibra colectiva, como todos los anuncios, con el fin de vender más. Primero nos contaron la tierna pero increíble historia del buen tabernero que le regala 320.500 euros después de impuestos al parroquiano que justo el año que toca en la tasca no pudo comprar su décimo por la crisis. En la campaña de este año, el comercio sin escrúpulos del sentimentalismo se supera con el caso más inverosímil todavía de la anciana medio gagá que se cree agraciada por el sorteo del día siguiente y no solo su familia sino todo el pueblo se compinchan para mantener a la pobre vieja en el error. El absurdo plano final de una entusiasta procesión cívica dirigiéndose al faro del lugar (¿para despeñarse en masa si lo hace la anciana, quizás?), escoltada por dos benévolos motoristas de Tráfico, es de un surrealismo que ni Buñuel hubiera imaginado. Pero parece que esta mercadotecnia exaltadora de la infinita bondad popular hacia el vulnerable social es efectiva, pues cada año se ponen a la venta más décimos y, además de retener a los agraciados, Hacienda se queda con los décimos premiados no vendidos. Con esta propaganda sensiblera que del engaño hace virtud y transfigura miseria real en grandeza imaginaria, el Estado sacaperras manipula con maestría la emotividad popular, no con el fin de hacer feliz a nadie sino de recaudar más como sea. El mejor premio es compartirlo, claro que sí. Pero con la Agencia Tributaria.