La Rioja

QUÉ MAJO ERES

Qué majo eres, Martin. De verdad: eres la releche. Cómo molaría ser como tú, con esa sonrisa, con ese pelazo. Con esa cuenta corriente. Sobre todo, con ese exitazo, con esa legión de amigos que vas dejando por donde pasas.

Qué bien, Martin Gruschka. Qué a gusto debes dormir por las noches. Porque cuando uno hace las cosas bien, cuando todo el mundo habla bien de ti, uno duerme de puta madre.

Y jolín, Martin, la de gente que habla bien de ti. Mira a los trabajadores de Unipapel, por ejemplo. Esa empresa que compraste cuando estaba pasando las de Caín, y en la que hiciste puntualmente lo que prometías. O sea, inyectar dinerito contante, confiando en que una empresa con pedidos, inventario y clientes no se podía ir al guano por un par de malas fusiones que hicieron los mambrús de los antiguos dueños.

Estuviste hecho un tío, Martin Gruschka. Va a ser mejor que no hagas caso de lo que dicen esos de los sindicatos, que ya se sabe: unos pringaos. Nada, chavalote, cuando esta noche beses a tus hijos (o mascotas, o peluches, o lo que sea que te alegre la vida) tú no te acuerdes de esos infundios. Si ellos dicen que desde que pusiste tus pies en Unipapel te dedicaste a vender el inventario, cobrar pedidos, sacar la pasta y no pagar ni al tato, tú ni caso. Envidiosos.

Y de los jueces ni hablamos, Martin Gruschka, colega. Quiénes se creen que son esos tíos (¡y tías!) de la Audiencia Nacional, que van y dicen no se qué de que querías que tus cuentas con los trabajadores las pagásemos todos. Qué sabrán.

Tú tranqui, Martin. No te pongas nervioso. Todo el mundo, hasta los más bellacos, se ven guapos y majos cuando se miran al espejo. Así que imagínate tú, que tantas razones tienes para estar orgulloso. Ponte el pijama de seda, vete a la cama y piensa en tu siguiente operación de genio de las finanzas. En algún lugar, docenas de trabajadores esperan un mesías.