La Rioja

El debut de Trump

Decididamente, el presidente electo de los Estados Unidos no defrauda: Donald Trump, o sus portavoces, siguen en su tarea de probar con hechos que la victoria del candidato republicano es mucho más que un relevo en el Ejecutivo y debe ser percibida como una especie de revolución ultra en casa y un mensaje al mundo de que Washington atenderá a sus asuntos a su manera y tomará sus decisiones según nuevos criterios. Además de que esta actitud es incompatible con el fuerte liderazgo norteamericano en el mundo occidental desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, tal conducta -una mezcla de aislacionismo cateto en ciertos campos junto a tesis de aficionado voluntarista en otros- descoloca a los veteranos aliados de los Estados Unidos. En la OTAN ven con desolación sus coqueteos con el Este, por no hablar de sus valoraciones de peligroso amateur ante la tragedia en Oriente Medio o su visión de América Latina, empezando por México. La conformación de la oficina presidencial y de su gabinete terminan de redondear la penosa impresión de que, además de una clara preferencia por los militantes de una extrema derecha radical y desinhibida, asoma también un nacionalismo económico que, para empezar, liquida la entrada en vigor del 'Acuerdo de Asociación Trans-Pacífico' en nombre de un oficioso «América primero» que inquieta al mundo entero. A todo se añaden un tono bronco y un populismo barato. Su debut antes de pisar la Casa Blanca es insólito, ominoso y provocador.