La Rioja

OJO DE BUEY

¿Qué fue de la verdad?

Se ha publicado esta semana que el Diccionario Oxford, en su última edición, ha declarado el término 'posverdad' (post-truth) como palabra del año. En su entrada viene a decir que ya somos capaces de decidir los asuntos trascendentales -el modelo de tu coche o la geopolítica mundial- desconectados de los hechos y movidos sólo por los memes, los bajos instintos, las copas de más (las tuyas y las de otros) y las mentiras transmutadas en verdades a base de repetirse. ¿Nos hallamos ante un nuevo paso en la Evolución? En tal caso, estamos de enhorabuena. Mentiría si dijera que no lo sospechábamos: la verdad ordinaria no es suficiente. Con la verdad no vas a ningún lado. Ésa es la verdad. No se puede saber si el homo sapiens inventó antes una verdad o una mentira. Seguramente lo segundo, porque la mentira es una arma defensiva, como el hacha de sílex. Y lo primero que aprendimos como especie fue a defendernos: de las bestias y del prójimo. Así fuimos haciéndonos con una bandolera repleta de mentiras, en sus muchas variantes: desde la mentirijilla a la mentira cochina pasando por la mentira piadosa (la peor con diferencia). Para neutralizar las mentiras con las que se defienden los demás. Las mentiras enseguida se demostraron más útiles, más manejables, más rentables, más inteligibles. Una mentira la entiende cualquiera, pero la verdad es tal embrollo que mejor ni te metas, no salgas trasquilado. Por eso, la escena de amor más verdadero de la historia del cine es cuando en Johnny Guitar, Johnny le suplica a Vienna: «Miénteme, dime que me quieres». El problema de la verdad es que parece mentira. Y puestos a servirse de uno u de otro producto, pues compras directamente la mentira, que está acrisolada, que ya se sabe cómo funciona y hasta dónde se puede llegar con ella. Se puede llegar, no sé..., a invadir Irak. En cambio, prueba a invadir Irak con la verdad por delante. La mentira es como una verdad hormonada. El mismísimo Aristóteles, espectador del teatro de operaciones de las palabras y de las ideas adheridas a ellas, reconocía en su Poética que era más eficaz, de cara a la galería, una mentira verosímil (también conocida por 'ficción') que una verdad inverosímil (también conocida por 'realidad'). Porque ésa es otra: la verdad, es que no se la cree nadie. Incluso no parece real. ¿Cuál es la relación entre lo verdadero y lo real? Tela. Y ahí, de nuevo, la mentira -a la que ya debiera considerarse un logro cimero de nuestra civilización, a la altura del cortauñas, del robot aspirador y del telepeaje- le saca varias cabezas (sin duda, pensantes) a la verdad. La mentira es un baño de realidad. Y la realidad, a estas alturas, es un baño de mentiras. A chorro. Es por ello que la verdad se ha ido quedando para el outlet. Y, sobre todo, se ha quedado sin repuestos. Una verdad, la que fuera en su momento (porque toda verdad tiene su momento), pongamos que se desgasta, o se estropea. Pues no existe pieza de recambio. Su hueco lo cubrirá probablemente una mentira. Las mentiras están niqueladas. ¿Que una mentira contiene en su envase una falsedad? Dale tiempo. Le sucederá como a una pintura falsa, que sólo es cuestión de años, de equis años, el que se convierta en auténtica. Lo decía el falsificador de arte Elmyr de Hory, y él sabía de qué hablaba. El caso es que aún seguimos sin saber qué coño fue el 'posmodernismo', pero en cambio lo de la 'posverdad' está al cabo de la calle. Pero atención: la 'posverdad' no sólo rebasa la verdad, sino también la mentira. La 'posverdad' da por supuesto que no nos creemos ni las mentiras corrientes. Las que hasta ahora nos han valido. Las que eran como puños (¿o eso eran las verdades?). Y dónde vamos a ir a parar, como especie, si ya no nos creemos ni nuestras propias mentiras. Ahora que el Oxford ha reconocido el término, te invade un extraña, engañosa tranquilidad, cercana a la legitimación: o sea que todo era una 'posverdad', ¡Ah. bueno! Como quien exclama: o sea que todo esto era un sueño, ¡Ah. bueno! Lo que sucede es que de un sueño te despiertas (igual no del todo, lo justo para ir a trabajar) pero de la 'posverdad'. De la 'posverdad' aún no ha regresado nadie, que se sepa. La verdad, en fin, es ya una cosa residual, un mito filosófico. El jueves fue el día mundial de la filosofía. Pero no se celebró como se celebra el Blackfriday, supongo que para que no se desplomaran las bolsas. Porque en cuanto sube la filosofía, bajan los mercados. Obama, que hace tan sólo ocho años parecía de verdad, aprovechó la jornada para pasearse por las ruinas del Partenón; o sea, de la inteligencia. Hace siglos, la verdad estaba en boca de todos. Ahora yace bajo las piedras.