La Rioja

Los malvados padres de la escuela pública

Desde la Confederación Española de Asociaciones de Padres de Alumnos (CEAPA) se ha lanzado una campaña en contra de los deberes en la escuela. Dicha campaña está siendo muy contestada y desde FAPA Rioja, como miembros de CEAPA, queremos explicar nuestra opinión al respecto. Sí, queremos que los deberes desaparezcan del sistema educativo español. Somos un grupo de padres y madres tan vagos, tan irrespetuosos y tan malignos que queremos que nuestros hijos no hagan deberes obligatorios en casa. Somos más malos que la tiña.

Ahora en serio. La principal razón para pedir la abolición de los deberes, es su ineficacia. No es una lucha contra los profesores, ni se trata de poner en cuestión su autoridad. Es una insumisión al hecho mismo de la existencia de los deberes obligatorios, es el cuestionamiento a un modelo, a una costumbre atávica que no tiene sentido en el momento actual. Los deberes persisten porque todos los hemos padecido y se mantiene la idea de que son buenos para el aprendizaje. Pero no es así, nosotros, los adultos, hemos aprendido a pesar de los deberes, no gracias a ellos. Esto lo demuestran numerosos estudios científicos, lo avalan sistemas nacionales de otros países que han prescindido de ellos y han mejorado sus resultados académicos, lo certifican los colegios que los suprimen de sus prácticas y lo defienden organismos y personalidades tan dispares como la ONU o Gonzalo Capellán (sí, el antiguo Consejero de Educación de La Rioja lo expuso en una conferencia en Logroño llena de representantes del mundo de la educación y nadie dijo nada en contra).

Es un toque de atención al sistema educativo que no atiende a la diversidad del alumnado y que parece que la única forma de cumplir con los programas tan asfixiantes es mandar deberes. Deberes que a los alumnos menos adaptados al sistema, «los mediocres», les puede llevar a jornadas de más de 50 horas semanales, especialmente en Secundaria, sin conseguir mejorar sus resultados. Deberes que a los alumnos más adaptados, «los buenos», se les obliga para completar lo que no se terminado en clase. Deberes que a los alumnos no adaptados, «los disruptivos», tampoco ayudan puesto que, directamente, no los hacen y propician su abandono escolar. En definitiva, deberes que a base de una realización mecánica, autómata y repetitiva, perjudican el desarrollo del pensamiento crítico, de la creatividad y del espíritu aventurero.

Nosotros lo tenemos claro, el aprendizaje debe ser algo gozoso y, entendiendo que hay muchas cosas que se deben repetir y ejercitar para comprender y aprender los contenidos escolares, creemos que en el horario escolar hay suficiente tiempo para la práctica. Porque todos los alumnos sí son aptos, en el sentido más darwiniano, para aprender, pero no todos son aptos para sobrevivir en este ecosistema educativo, aunque algunos se adapten mejor que otros. Afortunadamente hay profesores con ganas de trabajar de otra forma.

Con todo esto no decimos que el tiempo fuera de la escuela sea un espacio en el que no se aprenda. Muy al contrario, creemos que el verdadero «trabajo» de los niños, sobre todo de los más pequeños, es el juego. Y, por supuesto, pensamos que es bueno que en ese horario se puedan hacer cosas que no terminan de entrar en la escuela; es más, con la Lomce han menguado notablemente: las artes, el deporte, la naturaleza, etc. Tampoco estamos en contra de que desde la escuela se anime, se propicie o se incentive que los chavales en el tiempo libre realicen actividades que guarden relación con lo escolar. Sería fabuloso, pero eso debe ser siempre voluntariamente, que fueran nuestros hijos e hijas los que deseen realizar esas actividades. No desde la obligación ni desde la penalización en caso de no hacerse. Deberíamos transformar los deberes por los «quereres». Nos sorprendería positivamente ver qué trabajos realizarían, de la manera más altruista, algunos niños si se les incentivara con actividades estimulantes y con el simple premio del reconocimiento a su esfuerzo.

También queremos desmitificar la otra gran idea que sostiene la defensa de los deberes: los deberes crean hábitos de estudio y de esfuerzo. ¡Mentira! Los deberes crean hastío y desapego hacia el estudio y la vida escolar. El hábito y la costumbre de realizar tareas o dedicar tiempo al estudio debe surgir cuando la propia persona o su entorno, incluido el docente, detecte que eso empieza a ser necesario. Y esto ocurre en cada persona en un momento distinto de su desarrollo, es decir, es una cuestión individual. El poner deberes obligatorios para todos, antes de tiempo, lo que hace es que muchos alumnos desconecten de los asuntos escolares previendo que la escuela será más tediosa cuanto más se avance en ella, cuando debería ser lo contrario. No es casual que el elevado número de horas de deberes en España coincida en los rankings europeos con la alta tasa de abandono escolar temprano.

Sabemos que los deberes no son la única causa de la situación en que se encuentra la educación en España, pero también estamos convencidos de que su abolición sólo traerá mejoras en el aprendizaje de los niños, en la conciliación de la vida familiar y en la relación de los alumnos con los maestros. En la escuela del siglo XXI no tiene cabida una práctica de la época victoriana que menoscaba los derechos y el tiempo libre de los pequeños. Hay otras maneras de aprender. Podemos y debemos encontrarlas entre todos.

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