La Rioja

EDITORIALES

Advertencias Rajoy

El presidente Rajoy aprovechó la reunión de la ejecutiva del PP para advertir a las otras formaciones de que no vale con tener un Gobierno si no puede gobernar, diluyendo su propia responsabilidad en la que transfiere a todos los grupos políticos. El discurso que facilitó a Rajoy la investidura en segunda votación permanece en el ánimo del presidente cuando entramos en el tiempo de descuento para la tramitación de los Presupuestos para 2017. La votación de las cuentas públicas es el momento crítico que evalúa la estabilidad de un Gobierno en minoría. Una vez salvado el trance, podrá afrontar, más mal que bien, la suerte que corran las otras iniciativas legislativas que impulse. La votación de los Presupuestos aparece como la segunda parte de la investidura, sin la cual ésta quedaría sin efecto, según el criterio que se adivina en las palabras de Rajoy ayer. Pero el presidente no puede pretender que los partidos que facilitaron su reelección -Ciudadanos con su voto a favor y el PSOE con sus abstenciones- acudan, sin más, a su llamada. O que lo hagan otras formaciones que votaron en contra de su investidura, a cambio de concesiones territoriales. Rajoy no tiene por qué poner del revés las intenciones presupuestarias que alberga para sintonizar con los demás. Bastaría con que respetase el acuerdo alcanzado con Albert Rivera, procurando su concreción mediante un diálogo franco que no ningunee al grupo -Ciudadanos- que le dio la llave de la investidura. Aunque para ello el presidente debe renunciar a seguir confundiendo las indicaciones de Bruselas sobre consolidación fiscal con la literalidad de sus particulares medidas; como si los compromisos adquiridos en el seno de la UE solo pudieran cumplirse a su manera. Es lo que permitiría, también, que los socialistas acaben variando su 'no' de ahora hasta contemplar la posibilidad de una 'segunda abstención', esta vez ante las cuentas públicas de 2017. Mariano Rajoy podría estar tentado en empujar a sus imprescindibles interlocutores hasta el borde del abismo en el que se disolverían las Cortes. Tentado a reeditar el emplazamiento entre la investidura y unas terceras elecciones. Pero un poder partidario que trate de reafirmarse situando a los demás grupos entre la espada de que le apoyen y la pared de unos nuevos comicios no se mostraría fuerte por ello, ni fortalecería al país.