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Ladrillo y paredes de olores en esta acogedora casa, una casa de pueblo que tiene sabor serrano, enclavada en una calle ascendente hacia la iglesia del Sagrario de villoslada
18.12.09 -

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De piedra y colores
A caballo o andando, la distancia que una persona puede recorrer en una hora. Esto es una legua, antigua unidad de longitud que fue abolida por Felipe II y más tarde establecida por Carlos IV en veinte mil pies, a todos los efectos. En Villoslada de Cameros se conoce por la Media Legua un término situado a 2,5 kilómetros por la carretera a Montenegro, donde se encuentra una hornacina que guarda la imagen de la Virgen de Lomos de Orios. Lugar de paseo para los vecinos y de recuerdo para los pastores cuando marchaban a la trashumancia, ya que desde este lugar se puede ver el pueblo. Un poco por todo, por sentimiento y por la tradición, a Zulema y Michel les gustó este nombre para su casa rural.
Una casa de pueblo que tiene sabor serrano, enclavada en una calle ascendente hacia la iglesia del Sagrario; escalonada, como otras muchas de Villoslada que buscan altura para recibir el sol. Una fachada singular que se asoma sobre la calle sujeta a vigas de madera en escuadra, haciendo un voladizo que resguarda la entrada. Una vivienda familiar con más de cien años, enfrente del taller de carpintería de Salus, (donde se hacían los ataúdes, recuerda Michel). La casa necesitaba un arreglo y fue la oportunidad para aprovechar la reforma y hacer realidad la idea de tener una casa rural en el pueblo.
Un acebo en el tejado
Una rehabilitación que ha respetado la estructura original de la casa, conservando los muros de piedra vista en la entrada, en la habitación verde de abajo y en las escaleras, además de las vigas de madera de roble y las bovedillas de los techos. Un poco más de altura para las habitaciones de la planta superior y una ventana en el tejado por donde aparece un hermoso acebo repleto de frutos rojos en el jardín del vecino de arriba. Ladrillo rústico, paños de piedra y paredes de colores: rojo inglés en el salón; naranja y azul, mostaza y beige, y verde pistacho en los dormitorios. Espacios acogedores, decorados con mobiliario de estilo rústico y con gusto por la tradición artesana de las almazuelas de la madre de Michel, además de algunos objetos rescatados de la antigua carpintería, como la piedra de afilar, expuesta en la escalera junto a algunos recipientes de cerámica. Sorprende la cocina abierta al salón pero aislada con un paño de cristal que permite más amplitud y luminosidad.
Desde los balcones de la habitación bicolor en paredes y colchas, con la antigua viga de madera separando las camas, se observa al sur la silueta del Alto de Cueva Grande, cortado rocoso sobre la ermita de Lomos de Orios y preludio del circo de cumbres de Sierra Cebollera.
Alrededor, un enjambre de casas y tejados sobre la calle del Barranco del Maguillo, adornada con perfectos rimeros de leña, camino del puente medieval sobre el río Iregua. A media legua, se adivina la hornacina, camino de la trashumancia.
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