Partimos de la ermita de Nuestra Señora de Tómalos, a tres kilómetros de Torrecilla en Cameros, situada junto a la N-111, en una altiplanicie muy singular sobre el río Iregua. El camino hasta el pueblo lo recorreremos sin problemas siguiendo las indicaciones de la Vía Romana, para ello cruzaremos la carretera y el alto puente que salva el arroyo Tómalos. Vamos tomando altura y con ella nos sobrecoge una amplia perspectiva del paisaje, las altas cumbres y los bosques de pino y roble nos rodean por los cuatro costados aquí, en el Portillo del Calvario, y nos vamos acercando y descendiendo, al casco urbano de la localidad.
La primera construcción de interés que nos da la bienvenida en Torrecilla es la pequeña ermita de San Andrés, del siglo IX y restaurada hace algunos años. El camino asfaltado nos conduce hasta otro templo que se conserva en peores condiciones ya que carece de cubierta, la iglesia de Nuestra Señora de las Vegas, construida a comienzos del siglo XVI. Estamos en el barrio de Barruelo, el único de los tres que tiene Torrecilla que está ubicado en la margen derecha del río Iregua, sus empinadas calles nos conducirán hasta la plaza donde podemos aprovechar para retomar fuerzas, beber agua y disfrutar de la tranquilidad de esta bella villa camerana.
Nuestro camino prosigue por el puente medieval que salva el río Iregua y que es uno de los emblemas de Torrecilla, capital de la comarca de los Cameros. Las calles empedradas y las numerosas casonas señoriales llaman la atención del visitante que tendrá que cruzar el núcleo urbano por la vía principal en dirección a la conocida empresa embotelladora de agua mineral Peñaclara. De nuevo el paisaje es el protagonista indiscutible del recorrido ya que pasaremos junto a un canchal, una importante acumulación de piedras a los pies de grandes peñas calizas, donde podremos aprovechar para sacar los prismáticos y observar a las numerosas aves rupícolas que habitan la zona. A partir de aquí abandonamos las construcciones para adentrarnos en plena naturaleza.
El sendero discurre cómodamente entre subidas y bajadas y bosques de roble hasta nuestro punto de destino. Las paredes rocosas de caprichosas formas nos anuncian que nos vamos acercando al municipio de Viguera y pausadamente alcanzamos el punto más alto de la ruta, el Collado del Castillo (907 metros de altitud).
Desde aquí, tras deleitarnos con las singulares siluetas de los conglomerados que quedan a nuestra izquierda y conocidos como ‘Castillo de Viguera’ ya que recuerdan a una fortaleza, un amplio camino nos conducirá hasta la localidad y su espectacular mirador Peñueco, otro punto de contraste paisajístico y de auténtico deleite para el visitante.