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Un conjunto de turismo rural, con dos casas y un apartamento, ha servido para rescatar en Enciso un antiguo molino harinero
04.06.10 -
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La Tahona, en Enciso
Un molino harinero denominado La Tahona, en Enciso, situado en la margen izquierda del río Cidacos, se ha convertido en un conjunto de turismo rural formado por dos casas y un apartamento.
Esta historia comenzó hace 17 años con una casa rural de cuatro habitaciones, que ocupaban la antigua tahona en la planta baja; luego se adaptaron dos estudios o habitaciones dúplex en el antiguo granero, en la parte más alta, y después el salón se convirtió en otra habitación. Desde hace diez años, la casa rural La Tahona dispone de siete habitaciones y un enorme salón enfrente, que ocupa parte del antiguo patio del molino y un corral de gallinas. Esta oferta se completó con un apartamento y otra casa rural, además de una piscina de agua caliente por placas solares, situada sobre un jardín con avellanos y un rústico asador cubierto.
A este alojamiento se accede desde la carretera que atraviesa el pueblo de Enciso camino de Soria por las tierras de Yangüas, antes de llegar al puente medieval de Santa Bárbara, que cruza el río Cidacos, en la antigua ruta hacia Ambas Aguas y San Pedro Manrique por las aldeas de El Villar, Poyales y Navalsaz. Puente y puerta de entrada también a la ruta de los dinosaurios hacia Cornagoy al próximo Parque de Paleoaventura ‘El Barranco Perdido’.
Fábrica de harinas
La antigua tahona cerró en 1957, cuando en Enciso había otra panadería más, ‘La Chacola’, según cuenta Ricardo, nacido en El Villar de Poyales y que después de trabajar en una fábrica de Arnedo regresó a Enciso. Eran los años de reuniones donde se empezaba a hablar de turismo rural, a principios de los noventa. Como la casa era muy grande decidieron dedicar la planta baja para alojamiento y continuar con la actividad ganadera.
El lugar mantiene el ambiente de antaño de la panadería y la fábrica de harinas. Se conservan restaurados la turbina y el motor original. Incluso se puede percibir el olor en algunas estancias, donde estaban el horno y el granero. Ahora, el aroma que recibe al viajero es el de las rosquillas que se doran en la sartén de la cocina, trabajo diario compartido por Inma y Ricardo antes del paseo vespertino hasta El Villar.
En el patio de acceso a la casa se exponen útiles y piezas de madera de la tahona, animadas por el color de las flores de primavera en una carretilla, así como un enorme trillo de bueyes que llegó de Zamora.
Predominan los muebles antiguos recuperados: cabeceros, mesillas, arcones, armarios y espejos en habitaciones de colores suaves y nombres de dinosaurios, además de fósiles en vitrinas y carteles divulgativos de las huellas, que comparten la decoración con tinajas y cálidas almazuelas en cojines y sobre los sillones del salón, que alegran los muros de piedra caliza oscura y tramos de roca.
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