
de interés
La ruta
Punto de partida: Santa Marina
Destino: despoblado de Reinares
Distancia: aproximadamente 4 kilómetros (ida y vuelta)
Tipo de terreno: senda
Dificultad: baja (aunque no señalizada)
Época recomendada: todo el año (en verano evitar horas fuertes de sol)
Más información sobre Santa Marina: www.santamarinadeljubera.galeon.com
Más sobre Santa Marina
Altitud: 1.243 metros, lo que le hace ser la población más alta de La Rioja.
Cómo llegar: Desde Logroño dirección Villamediana. Desde allí, hasta el pueblo de Ventas Blancas. Seguir la LR- 261, poco después de pasar Robres del Castillo tomaremos una carretera que nos llevará a Santa Marina.
Arquitectura: muy peculiar y bien conservado, los edificios son piedra de mampostería y los tejados con llamativas losas. Conserva también algunos hornos de pan y la iglesia románica restaurada.
Alrededores: Santa Marina, junto a las aldeas de El Collado, Reinares, San Bartolomé, Santa Cecilia, Bucesta, San Martín y Jubera son pedanías de Santa Engracia de Jubera. Destaca el castillo en lo alto del pueblo de Jubera y las antiguas minas de cobre. En cuanto al paisaje resultan de interés los roquedos y las sugerentes formas que ha formado la erosión del río Jubera sobre la roca.
Curiosidades: en 18 de julio se celebran en Santa Marina las fiestas patronales, entre las actividades que se programan destaca, el juego de la calva. Se trata de un juego tradicional pastoril que consiste en tirar la calva, pieza de madera en forma de ‘L’ o codo, con un calvero o piedra de río con forma oblonga, larga , estrecha y sin aristas en línea recta.
Territorio: el valle del Jubera está incluido en el espacio declarado por la Unesco como reserva de la biosfera ‘Valles del Leza, Jubera, Cidacos y Alhama’.
Unos pueblos destacan por su monumental arquitectura, otros, por su gastronomía o por sus fiestas singulares; en el caso de Santa Marina el motivo de su peculiaridad es la altitud.
Esta pequeña aldea, enmarcada en la subcomarca del valle del río Jubera, tiene la particularidad de ser la población más alta de la región, encontrándose a nada más y nada menos que 1.243 metros de altura.
Para acceder a la localidad, desde Logroño, tomaremos la carretera que se dirige a Murillo de Río Leza y seguiremos por la comarcal LR-261 en dirección a Robres del Castillo, una vez pasado este pueblo, a mano derecha, un cartel nos indicará la vía de acceso a Santa Marina, a 11 kilómetros.
Tras completar una larga y sinuosa carretera llegaremos a nuestro destino. Lo que más llama la atención del visitante es, además de las espectaculares vistas que ofrece el lugar, la propia arquitectura del pueblo. El conjunto de casas es pequeño (escasamente llega a la docena), pero todas se caracterizan por ser de baja altura, de piedra y sobre sus tejados sostienen unas grandes placas de losas de piedra o pizarra.
Aprovechemos un día despejado para disfrutar de la amplia panorámica que podemos ver desde el mismo pueblo, cumbres tan lejanas y a la vez tan cercanas como el pico del Moncayo, Peña Isasa, Nido Cuervo, La Atalaya o Sierra la Hez y, en días muy claros, hasta se puede divisar la cordillera de los Pirineos. Todo un regalo para la vista y el espíritu.
La zona del valle del Jubera, también conocida como la Alpujarra riojana, es una de las más despobladas de toda La Rioja, nunca ha tenido grandes núcleos de población, pero sobre todo a mediados del siglo XX (años 50 y 60), las duras condiciones de vida de la sierra, las penurias surgidas por la posguerra, junto con el crecimiento económico en las ciudades, motivaron un importante flujo migratorio, quedando despobladas multitud de aldeas. Afortunadamente, Santa Marina resiste al abandono y en ella aún hay vida (al menos tres casas habitadas durante todo el año), pero otras poblaciones de los alrededores no han corrido la misma suerte y sus únicos habitantes son ahora las zarzas y el ganado.
Para poder sentir en nuestra propia piel el contraste entre un pueblo con vida y otro del que no queda más que pasado, les recomendamos un sencillo paseo que parte desde Santa Marina y va a la antigua aldea de Reinares. A la entrada de Santa Marina, cruzaremos en ascenso una dehesa alambrada hasta descender de nuevo a un pequeño barranco que baja por la derecha. No tenemos más que seguir el barranco que nos conduce a la sombra de frescos robles, y a unos dos kilómetros aproximadamente, nos toparemos con el despoblado, donde podemos ver los restos de su iglesia, el puente, los bancales, testigos pétreos de lo que un día fue.
La vuelta la realizaremos por el mismo camino que hemos venido.