Por estas tierras, camparon a sus anchas hace millones de años seres vivos de descomunal tamaño, los dinosaurios, habitantes primitivos que también lucharon por una supervivencia no lograda y de cuya existencia ha quedado tan sólo un testimonio pétreo, las icnitas o yacimientos de las huellas fosilizadas, en nuestros días reconvertidos en recurso turístico.
Pero no sólo los dinosaurios abandonaron estos lares, muchos siglos después lo hicieron los humanos y como muestra de ello han quedado restos de despoblados como la aldea de Garranzo. Un sencillo paseo que parte de la localidad de Enciso nos conduce hasta los restos de la antigua villa, en el camino pasaremos por diversos yacimientos como el de la Virgen del Campo o La Senoba, de gran interés paleontológico.
Seguiremos la carretera de Enciso hasta llegar a las últimas casas para cruzar el puente de Santa Bárbara que sale a la izquierda y salva el río Cidacos. Podemos optar por realizar todo el camino andando (unos 8 km. ida) o ir en coche por la cómoda pista hasta mitad de trayecto. Tomaremos el camino del centro y tras unos kilómetros saldrán a nuestro paso las reproducciones a tamaño real de dos dinosaurios que simulan una pelea, nos encontramos en el yacimiento de la Virgen del Campo. El yacimiento está acondicionado con una pasarela que nos guía hasta el lugar donde se encuentran las huellas, más de 500 pisadas de dinosaurio y señales del arrastre de la cola.
Una vez visitado el lugar continuaremos la ruta por la pista inicial, podremos realizar paradas en determinados puntos del recorrido ya que existen miradores y paneles explicativos que ayudan al excursionista a comprender la fisonomía actual del paisaje y los secretos de la vegetación existente. Tras unos kilómetros de fuerte ascenso llegaremos al yacimiento de La Senoba y al parque de esparcimiento que lleva el mismo nombre. El espacio está acondicionado con originales juegos que giran entorno al tema jurásico.
Unos metros más arriba se encuentra el mirador de Las Terrazas al que accederemos para divisar en la ladera de enfrente, entre el arbolado, los restos del despoblado de Garranzo, al que llegaremos por una pista que parte del área recreativa.
Cuenta la leyenda que el núcleo de Garranzo, emplazado en un paraje rodeado de encinas y a los pies de un hermoso hayedo, quedó deshabitado a causa de una invasión de termitas. Aunque eso sólo es un cuento popular y todo apunta com o causante, al igual que en otros pueblos de la comarca, a la crisis textil en Munilla y Enciso, donde trabajan muchos vecinos del valle y que supuso el comienzo de la decadencia de numerosas aldeas. Recorrido el pueblo, o más bien lo que queda de él, y con esa sensación agridulce que nos dejan los pueblos fantasmas tomaremos el camino de regreso al presente dejando atrás el pasado.