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La llegada del otoño aviva la paleta cromática de las arboledas riojanas, invitando al paseo y la observación
24.11.09 -

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Otoño
Antes de que el invierno y el frío fundan a sombras y soledad los escenarios naturales, los bosques riojanos despliegan durante el otoño su abanico de cálidos colores.
Antes de que el invierno y el frío fundan a sombras y soledad los escenarios naturales, los bosques riojanos despliegan durante el otoño su abanico de cálidos colores.
Un arco iris cromático variado y diverso, diseñado por la diferencia de altitudes y de precipitaciones existente entre la sierra, el valle y la ribera del Ebro. Si la lluvia lo permite, las arboledas riojanas te invitan durante esta estación a someterte al hechizo de la luz filtrada entre esponjosas copas o al sibilino sonido del crujido de los pasos sobre una alfombra de hojas. La magia de este encantamiento se extinguirá con la llegada de las primeras nieves, así que no demores el paseo.
El primer guiño al amante de la naturaleza lo realiza el acebal de Valgañón, un pequeño enclave de cerca de diez hectáreas localizado en una especie de depresión. Este recoleto espacio acoge una importante extensión de acebos (algunos de los cuales alcanzan portes arbóreos), rodeada de masas de hayas, quejigos y pastos. Al paraje podrás acceder por sendas y caminos desde la iglesia de Nuestra Señora de Tres Fuentes, situada a unos 800 metros de la localidad riojalteña.
La zona septentrional de la comunidad alberga otra área boscosa sobresaliente: el monte Carrasquedo de Grañón, situado al sur del municipio. Esta elevación, salpicada por ligeras pendientes, enmarca un coqueto espacio natural en el que predominan el roble y el rebollo, aunque también crecen otro tipo de árboles como la carrasca, el arce, el avellano y los cerezos silvestres. Entre estos ejemplares, salen al encuentro del visitante especies de matorral (majuelos, brezo, endrinos, enebro) y vegetales como orégano, saquillo, cardo, gordolobo y estramonio. Toda una explosión de recursos naturales...
En la cuenca del Najerilla el hayedo de El Rajao reta al anterior en belleza. La superficie arbórea perteneciente a Tobía está considerada como una de las zonas con hayas más extensas y hermosas de La Rioja. El recorrido para adentrarse en este bosque, de unos 9 kilómetros, exige atravesar el pueblo y remontar un arroyo hasta acceder a una pista asfaltada. Una vez superados cerca de 8 kilómetros, en los que dejarás atrás un área recreativa y un refugio de montaña, el paseo arranca entre rebollos para desembocar en un mar de hayas, que inunda el último tramo de ascenso por el valle, en el que también apuntan abedules y álamos temblones.
En las riberas del Cárdenas, en la llanura aluvial del valle de San Millán, a unos 800 metros de altitud, el río queda bordeado por fresnos, avellanos, arces, sauces y chopos. Lindan con esta vegetación, los hayedos, los rebollares y las repoblaciones de pinos silvestres.
Entre meandros
Otro espectacular ejemplo del bosque fluvial lo constituyen los Sotos de Alfaro. En el tramo comprendido entre la desembocadura del río Aragón y el puente del ferrocarril, de unos 7 kilómetros, entre meandros subsisten testimonios de los bosques de ribera que antiguamente orlaban el cauce. La vegetación más representativa de este área la componen sauces, álamos, chopos, alisos, fresnos u olmos.
Ya en La Rioja Baja, el hayedo de Poyales, ubicado en las cabeceras de los barrancos del Valle y Valdecuerda, concentra pequeñas masas muy aisladas de hayas con problemas de regeneración y de elevado valor ecológico por ser junto a las de Sierra la Hez las más orientales de La Rioja y estar enclavadas en el límite de su área de distribución, ya en el ámbito de la montaña mediterránea. Entre las hayas irrumpen también pinos silvestres de repoblación, acebales de gran porte y retamas.
Entre la variada masa arbolada que domina Sierra Cebollera destacan, por su extensión y belleza, los pinares y bosques de hayas. Los pinos silvestres se asientan en la franja montañosa de entre 1.500 y 1.900 metros de altitud. En los alrededores de la ermita de Lomos de Orios y en las laderas del puerto de Piqueras encontrarás dos espectaculares pinares por los que caminar. Las hayas se alzan entre los 1.200 y 1.700 metros de altitud, componiendo bosques umbríos y tapizados de hojas en otoño. Los hayedos flanquean buena parte del cauce del Iregua y de los arroyos de Puente Rá y Las Rameras. El paseo comienza por las pistas que parten del área recreativa del Achichuelo. Matorral en la Dehesa de Navarrete
Matorral en la Dehesa de Navarrete
La Dehesa de Navarrete constituye uno de los ejemplos claros de la vegetación característica del valle de La Rioja.
Esta gran extensión de quejigal, acompañada de carrascas y repoblada con pinos, ocupa cerca de 850 hectáreas pertenecientes a los términos de Navarrete, Ventosa, Sotés, Huércanos y Fuenmayor.
Se abre al visitante en el lado oeste de Navarrete, en el interfluvio entre el Najerilla y el antiguo cauce del Iregua, a una altura de entre 600 y 800 metros. Resulta una amplia plataforma de dos kilómetros de longitud que desciende suavemente hacia el curso del río Ebro.
La Dehesa de Navarrete se inscribe dentro del piso supramediterráneo subhúmedo con tendencia a seco; lo que erige como máximos representantes de la vegetación autóctona a los extensos bosques de quejigos, que entremezclan algunas carrascas en la ladera este, hasta alcanzar contacto con las hileras de viñedos.
Por su parte, la cima la coronan las copas de rebollar y en sus laderas, orientadas al este y al sur, despuntan pequeños carrascales.
Gran parte de la dehesa acoge repoblaciones de pino laricio, pino rodeno y pino carrasco (en las zonas más bajas). Su gran importancia ecológica radica en que, junto a la Dehesa de Grañón, resulta uno de los límites altitudinales de los rebollares en el área del valle.
Por otro lado, en buena parte de su territorio asaltan al caminante matorrales de coscojas, aulagas, tojos, serbales y brezos cantábricos.
La extensión de la agricultura, y en concreto, la roturación de zonas arboladas para destinarlas al cultivo de viñas conforman los principales peligros a los que se debe enfrentar este espacio.
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