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La zona media de Navarra ofrece al visitante un rico patrimonio en el que destaca el castillo de Olite
26.02.10 -

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Por las tierras del viejo reino de Navarra
Fortalezas, villas amuralladas, torreones almenados o casonas de linaje son elementos arquitectónicos que nos trasladan a tiempos pasados, a una época habitada por reyes, nobles a caballo, juglares o cortesanas vestidas con suntuosos ropajes. Hay lugares en los que resulta más sencillo sentir esa sensación de flashback. Un espacio que al visitarlo produce ese curioso salto en el tiempo es la villa de Olite, situada en la comarca conocida como zona media de Navarra, a poco más de 90 kilómetros de la capital riojana.
El viajero llega a Olite atravesando la extensa llanura que riega el río Cidacos hasta llegar a la villa medieval. A medida que uno se aproxima al núcleo urbano comienza a marcarse en el horizonte la silueta caprichosa del castillo-palacio, uno de los edificios más emblemáticos de la vecina Navarra. Sin perder de vista el conjunto arquitectónico, nos dirigimos al centro de la localidad para aparcar y pasear sin prisas, y ya a pie, por su elegante trama urbana, en la que destacan numerosas casas blasonadas.
El entramado de callejuelas nos guiará hasta la plaza de los Teobaldos, donde se encuentra el Palacio Real de Olite. El conjunto monumental es la prueba del esplendor cortesano que durante la Edad Media vivió la villa. Declarado Monumento Nacional en el año 1925, ocupa un tercio del casco urbano medieval y está considerado uno de los conjuntos civiles góticos más interesantes de Europa.
El castillo está dividido en tres partes: el Palacio Viejo, que actualmente acoge el Parador Nacional de Turismo ‘Príncipe de Viana’; las ruinas de la Capilla de San Jorge, también conocido como palacio de la reina, y el Palacio Nuevo, la parte que se puede visitar del monumento.
El Palacio Nuevo, impulsado en el siglo XV por Carlos III ‘El Noble’ fue construido en estilo gótico francés, de ahí su aspecto refinado, comparable a los castillos de cuento. El edificio quedó parcialmente destruido en un incendio ocurrido en 1813 y, por ello, algo más de un siglo después, se restauró para devolverle su aspecto original con grandes muros de piedra, singulares torres circulares suspendidas y tejados de pizarra.
Un amplio patio da acceso al interior del recinto, junto a él se halla el patio de la ‘Morera’, llamado así porque hay un ejemplar de este árbol declarado monumento natural y que, según cuenta la leyenda, fue plantado por el propio Carlos III hace más de 500 años. Por entonces, el lujo rodeaba al palacio y contaba con exóticos jardines, algunos suspendidos a 20 metros de altura, y hasta tuvo un pequeño parque zoológico con leonera.
También se conservan y son visitables las cámaras o habitaciones reales, con amplios ventanales, desde los que los monarcas en su época, y hoy los turistas, pueden disfrutar de una espléndida panorámica.
En los alrededores de palacio
Muchos de los pueblos que se sitúan en las inmediaciones de Olite aún hoy conservan la esencia del medievo. Un claro ejemplo es Ujué, a aproximadamente 15 kilómetros, la villa se alza sobre un un cerro y sus empinadas calles merecen un paseo que nos conducirá hasta el santuario-fortaleza de Santa María. La localidad se alza dominando la sierra que lleva su nombre y que es frontera natural entre la montaña y la ribera, lo que la convierte en un inmejorable mirador desde los Pirineos hasta el imponente Moncayo. No podemos abandonar la villa sin probar sus afamadas migas de pastor y las típicas almendras garrapiñadas.
Otra visita imprescindible es Artajona, a unos 15 km. de Olite. Desde la distancia se reconoce por su ‘Cerco medieval’, almenas y torres se siluetean en el cielo, coronando el cerro desde el que desciende el caserío hasta el llano. Un recorrido por sus estrechas callejuelas, nos descubre regias casas blasonadas y un conjunto amurallado del siglo XI que originariamente tuvo catorce torreones almenados, de los que sólo quedan nueve, unidos por el camino de ronda.
La mejor manera de cerrar la ruta monumental será sumergiéndonos en el universo espiritual del Monasterio de La Oliva, cerca de Carcastillo.
El conjunto arquitectónico de estilo cisterciense es un oasis pétreo de paz y tranquilidad. En la actualidad es la morada de monjes a quienes se puede ver, vestidos con túnicas blancas, paseando y orando por el claustro del cenobio.
Además de apaciguar el alma podremos deleitarnos con placeres más terrenales ya que el monasterio dispone de viñedos y bodega y, bajo la marca Monasterio de La Oliva, comercializa vinos y licores que pueden adquirirse en la tienda de la abadía.
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