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CASA UYARRA

Un pajar del siglo XIX en Uyarra rehabilitado para disfrutar del Valle del Oja
27.11.09 -

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Casa Uyarra en Ojacastro
Antes de llegar a Ojacastro hay que hacer una parada obligada en Santo Domingo de la Calzada para entrar en la catedral, saludar al gallo y la gallina, admirar la girola del altar, el retablo de Damián Forment, subir a la torre exenta y visitar la ermita de la Virgen de la Plaza.
Después del monumental aperitivo continuamos viaje por la línea recta que remonta el río Oja, observando al fondo la silueta de la Peña San Torcuato y las cumbres de La Demanda entre nubes que amenazan lluvia. Dejamos a medio camino los desvíos a Santurde y Santurdejo y a las aldeas de Santasensio los Cantos y Uyarra.
Cuando pasamos el puente nuevo sobre el río llegamos a Ojacastro. A la derecha, el barrio de Pisón o de Eras y el camino a las aldeas de Tondeluna y Arbiza. Más adelante dejamos la carretera de Ezcaray para entrar por el antiguo fielato y buscar la plaza de la Picota.
Uyarra es el nombre de una de las muchas aldeas de la villa de Ojacastro (ahora hay cuatro habitadas pero llegaron a ser doce) y también es el apellido del propietario de la casa rural. Luis nos recibe con el almuerzo: vino de Ollauri y chorizo de ciervo. De vez en cuando tiene que salir a la tienda para atender a las clientas que quieren comprar sus embutidos artesanos. La pequeña fábrica se encuentra al lado de la casa rural, debajo de su vivienda familiar. Desde el principio, Luis tenía muy claro que necesitaba dos pajares para separar la casa de la vivienda.
Pajar rehabilitado
Rehabilitó un antiguo pajar del siglo XIX conservando toda la madera de roble y haya en la planta baja y los muros de piedra de canto rodado. Aquí, los pajares son de piedra, de abajo arriba. Una muestra de la arquitectura tradicional en los pueblos y aldeas del Valle del Oja.
La casa se encuentra muy cerca de la plaza de la Picota. Por una esquina, en dirección a la iglesia, aparece un cartel verde que anuncia la casa rural y los embutidos. Parece una aldea dentro del pueblo. Un lugar tranquilo, sin coches. Dentro hay un amplio salón con chimenea donde se aprecian las grandes vigas de roble y columnas de madera sobre base de piedra. Es un espacio para compartir con los usos de comedor y la cocina, abierta con mostradores. Nos sentamos en la pollera, antiguo banco de madera que guardaba debajo las gallinas, junto al hogar. Arriba se encuentran los seis dormitorios, decorados con estilo y colores rústicos. Las habitaciones del segundo piso son abuhardilladas, de mayor altura. Luis estuvo trabajando en Logroño y decidió volver a su pueblo «a buscarse la vida». Regentó durante tres años el bar y la tienda del Sindicato, antigua cooperativa católico-agraria, donde cada 17 de enero se celebra la tradicional fiesta de la habas de San Antón. Luego llegaron la casa rural y la fábrica de embutidos. Ahora mantiene su actitud emprendedora con un próximo proyecto hostelero en el barrio Pisón.
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