Trabajos como ordeñar y elaborar queso fresco de cabra. Un objetivo que pretendía complementar las rentas del monte con los ingresos por turismo para asentar la población. Aún recuerdo aquellos titulares jocosos en la prensa nacional que expresaban el desconocimiento de los niños urbanitas sobre la procedencia de la leche o los huevos, y proponían esta actividad del turismo rural para comprobar el verdadero origen de estos alimentos: las vacas y las gallinas, y no el tetrabrik o el envasado de plástico en los supermercados.
La casa rural Rodrigo, en Almarza de Cameros, es el único ejemplo que permanece en La Rioja con actividad de agroturismo. Vicenta y Jose Mari mantienen casi 600 ovejas y 60 cabras. Los turistas que quieren pueden ir a la nave, ordeñan las cabras y luego, en la casa, les enseñan a elaborar el queso fresco y requesón. El tradicional queso camerano con leche de cabra que se moldeaba en unos cestillos de mimbre trenzado y que le daban ese aspecto singular. Aquellas cillas que casi han desparecido porque ya no hay artesanos que trabajen el mimbre y porque las normas sanitarias exigen que ahora sean moldes de plástico.
Un baño y tres habitaciones
También la distribución de la casa responde al modelo inicial del turismo rural, que permitía sólo un baño por planta para un máximo de 3 habitaciones dobles, cuando el alquiler de la casa sólo podía ser compartido, provocando la convivencia de experiencias.
El crecimiento del sector y las nuevas tendencias del encanto rural adaptaron la normativa a los gustos del turista para disponer de un baño dentro de cada dormitorio o permitir el alquiler completo de la casa.
Compraron un solar junto a la casa de los padres para construir una nueva, más alta, con fachada de piedra y tres plantas. Abajo, la cochera, el salón y la cocina.
En el primer piso, la vivienda familiar; en el segundo, tres habitaciones, un baño y un salón para los turistas, y en la buhardilla, otro piso para el futuro. Decoración sencilla y materiales de ciudad, pero al calor de la chimenea de leña y del sabor de la cocina tradicional de Vicenta.
Y fuera, la montaña y los bosques, un paisaje rodeado de cumbres en el corazón de la Sierra de Cameros, por encima de los mil metros de altitud, en el camino que comunica ambos Cameros por el Puerto de La Rasa. Muy cerca, lugares emblemáticos de tradición pastoril como Prado Admuel o la Venta Quemada, junto a la Cañada Real Soriana Oriental.
Cuando subes desde el Iregua hasta Almarza, después de dejar el desvío a Pinillos, asoma en lo alto, entre bosques de robles y hayas, una casa blanca con tonos dorados por el sol del atardecer. La casa lleva el nombre del padre de Vicenta, que fue tratante de ganado.