Desde entonces, a este lugar se le conoce popularmente como «El Quemao», de ahí el nombre de la casa rural.
Este edificio simboliza ahora un extraordinario ejemplo de arqueología industrial que rememora la época dorada de Villoslada de Cameros durante el siglo XVIII, cuando llegó a tener en funcionamiento 40 telares que elaboraban paños para distribuir en Andalucía, Castilla y Galicia.
Más de cien mil ovejas merinas, una gran producción de lana cuya comercialización proporcionó rentas superiores a la media española y permitió a los ganaderos trashumantes construir casonas solariegas con escudos nobiliarios, que siguen siendo testimonio de aquella época de esplendor en Cameros.
La antigua fábrica tiene tres plantas de altura, una por debajo del nivel de la carretera, y más de 2.000 metros cuadrados construidos. Ahora mantiene su estructura en pie, pero la parte que mira hacia la plaza del Espolón y al puente medieval, que se conoce como «puente romano», está abandonada y la parte trasera de la casa rural, que se asoma al río Iregua, está sin cubierta.
También desapareció el antiguo molino que alimentaba de energía hidráulica los telares y el lavadero de lanas. Contiguo a la casa se encuentra el bar Descanso, otro negocio familiar de los hermanos Sánchez Santamaría, propietarios de parte del edificio.
Madera de pino
La casa rural fue rehabilitada siguiendo normativas de conservación de los elementos arquitectónicos de este edificio singular, con muros de piedra de sillería y mampostería. Tras la puerta de entrada hay un amplio salón con chimenea, una cocina y comedor, con balcones que miran hacia el caserío del pueblo entorno a la iglesia del Sagrario, en la Peña, al otro lado del río. Pero lo que más destaca es la madera de pino en techos y vigas, además de la escalera de acceso a las habitaciones, arriba y abajo, distribuidas en el sótano, primer piso y el alto, todas con baño y ducha, decoradas en estilo rústico, aunque la más solicitada, dice Amparo, es la de la buhardilla. Aquí llegan viajeros desde Madrid y País Vasco, parejas y grupos que buscan disfrutar de los senderos del Parque Natural Sierra Cebollera, sobre todo en otoño, en una casa que mantiene el sabor y el recuerdo de los muros que albergaron los tiempos de esplendor en Villoslada de Cameros.
(*) La información sobre la Fábrica de paños y lavadero de lanas procede del libro Villoslada de Cameros: Pueblo de hidalgos, trashumantes y emigrantes, escrito por Juan Antonio García-Cuerdas Sánchez-Lollano (IER 2009), familiar de Amparo y Roberto.