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ALMARZA DE CAMEROS

Se trata de una de las casas rurales más antiguas de La Rioja con excelentes vistas a los Cameros que cuenta con un patio ajardinado y un merendero con cocina y chimenea
02.07.10 -
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Casa Rural Monte Rey
El visitante se encontrará con una casa familiar de tres alturas, fachada de piedra en la planta baja y dos terrazas corridas en los pisos altos, donde asoman tres balcones enmarcados por loseta de piedra sobre enlucido blanco y dos mansardas en el tejado
Una mañana de sanjuan brilla el sol en la sierra camerana bajo el cielo azul y sobre un escenario de montes vestidos de bosques verdes de robles, hayas y pinos. La carretera no para de subir después de cruzar el río Iregua por el puente, donde se anuncian las distancias a los pueblos de Almarza y Pinillos y al Puerto de La Rasa, uno de los pasos que primero se cierran en las nevadas invernales.
Las primeras curvas rodean el caserío del antiguo poblado de Cocera, atravesado por las señales del camino histórico de la Vía Romana de Iregua. Luego, se deja a la derecha el desvío a Pinillos, sede del antiguo Solar de las Calderas. Más arriba se encuentra la entrada al pueblo de Almarza, situado por encima de los mil metros de altitud, por una calle recta entre huertos, casas y pajares que conduce hasta la iglesia parroquial de la Virgen del Campillo.
Un cartel anuncia la casa rural Monte Rey, así escrita, en dos palabras, aunque Martín explica que el nombre se debe al recuerdo que tiene de una orquesta que actuó en Almarza y que se llamaba Monterrey, como la conocida ciudad de México. A Martín Rodrigo le gustó el nombre y la música de aquella orquesta.
Habitaciones con vistas
Se trata de una casa familiar de tres alturas, fachada de piedra en la planta baja y dos terrazas corridas en los pisos altos, donde asoman tres balcones enmarcados por loseta de piedra sobre enlucido blanco y dos mansardas en el tejado. La casa rural se encuentra en el segundo piso, con dos habitaciones y el salón que miran al paisaje montañoso de las cumbres que separan el Camero Nuevo del Viejo, y otra habitación detrás, hacia la calle del Castillo, sobre un patio ajardinado y un merendero con cocina y chimenea.
Martín también recuerda la tienda ‘El Capricho’, situada en la planta baja de la casa, nombre que se lo puso el cura párroco de entonces, don Luis Gato, a quien ayudaba de niño en misa. Una tienda de ultramarinos o colmado, donde se vendía de todo lo necesario para un pueblo que superaba entonces los cien vecinos. Ahora sólo viven doce de fijo. Su padre era tratante de ganado, de corderos, y Martín mantiene la tradición familiar con las vacas y los terneros, que también se ofrecen como actividad de agroturismo.
Un alojamiento que corresponde a la primera generación de casas rurales que se promovieron en La Rioja a principios de los años noventa, cuando se permitía compartir un baño por planta para tres habitaciones, y que se anunciaba como una nueva actividad que podía ayudar a la renta de las familias ganaderas, para mantener la población en los pequeños pueblos de montaña.
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